De modo que cuando su verdadero padre, al que apenas ha visto desde que se marchó a Hollywood hace treinta y cinco años, aparece de repente en su puerta, Lila siente que es la gota que colma el vaso. Pero resulta que la familia a la que pensaste que nunca perdonarías podría tener algo que enseñarte... sobre el amor y sobre lo que de verdad significa ser una familia.
Esta es la historia de Lila y la serie de catastróficas desdichas que viven con ella. Está divorciada, vive con dos hijas adorables en una edad bastante complicada y su padrastro (Bill, te amo), un hombre práctico, ordenado y demasiado intenso con algunas normas. Su casa es un desastre, no tiene un duro, su libro fue un superventas sobre cómo sobrevivir al matrimonio (y dos semanas después de su publicación, su marido la dejó) y necesita material nuevo... Un caos. Creo que esa es la definición más acertada. He sentido el agobio desde la primera página.
A menudo cerraba el libro y sentía que volvía a respirar, porque me daba cuenta de que había interiorizado tanto el circo que tiene Lila que soltar el libro era como decir "menos mal, estos no son mis problemas". Aún así en muchas escenas me he quedado con una especie de sensación de "no quiero parar de leer y dejarla sola" y así es como he llegado hasta el final. Creo que es un libro muy sencillo, muy cozy, que predice más o menos lo que va a suceder y si no le exiges más de lo que está dispuesto a dar, está muy bien.
—Te envuelve con su ambiente enseguida. Si la autora quiere que te agobies, te agobia. Si quiere que te entusiasmes, te entusiasma. Es como estar montada en una atracción de la feria.
—Le coges muchísimo cariño a los personajes (hola, Bill) y también mucho asco.
—Es un libro entretenido, simpaticón, para un momento de esos que necesitas desconectar de los libros intensos.
—Es largo, así que en algunas partes puede resultar un poco pesado, pero ningún obstáculo insalvable.
