Katherine está a punto de publicar un libro cuyos asombrosos descubrimientos sobre la naturaleza de la conciencia humana prometen desafiar siglos de creencias consolidadas. Pero un brutal asesinato desata el caos, y Katherine desaparece sin dejar rastro junto a su valioso manuscrito.
Desesperado por encontrar a la mujer que ama, Langdon se embarca en una carrera contrarreloj por el paisaje místico de Praga, mientras es perseguido por una poderosa organización y por una figura inquietante surgida de antiguas leyendas.
En la Ciudad de las Cien Torres, un escenario fascinante donde la ciencia más avanzada convive con la tradición, Langdon deberá desentrañar símbolos y códigos para desvelar una verdad sorprendente sobre un proyecto secreto que podría transformar para siempre nuestra comprensión de la mente humana.
Luego de casi una década sin tener noticias de Robert Langdon, el profesor de simbología más famoso de la ficción está de vuelta en todas las estanterías del mundo y se ha puesto de nuevo en marcha una correría por todo el mundo detrás del “último secreto” que promete —o no, como a veces pasa con los libros de Langdon— desvelarnos al final.
En esta ocasión, nos encontramos con Robert Langdon en Praga, ciudad a la que ha viajado junto con Katherine Solomon —personaje al que ya habíamos conocido en El símbolo perdido— que ahora es su novia y que ha ido a la ciudad a dar una conferencia. En medio de eso, Katherine se encuentra ad portas de publicar un libro con sus descubrimientos sobre la conciencia humana. Todo cambia, cuando al parecer el trabajo de Solomon despierta el interés de una agencia gubernamental y parece tener relación con el asesinato de una importante científica checa.
En medio de todo esto Katherine desaparece, una pesadilla de la noche anterior se hace realidad, hay amenazas de bombas en la capital de Bohemia y por las calles circula, nuevamente el legendario Gólem que ahora debe custodiar a alguien más. Como siempre, nos encontraremos con Langdon en medio de todo esto intentando esclarecer las cosas mientras hace lo posible por dejar de ser tratado como un fugitivo.
Esta vez estamos ante un Langdon un poco alejado de sus primeros libros en los que se encontraba en medio de un rompecabezas histórico que necesitaba de todas sus capacidades deductivas y su conocimiento de simbología para desvelar el secreto mientras intenta esquivar los ataques de ordenes secretas que lo ponen en apuros. Acá nos encontramos con una trama digamos que más trascendental que toca temas como la precognición, la conciencia no local y lo que pasa luego de que morimos. Esto hace que El último secreto se acerque más al tecnothriller con el que Brown comenzó su carrera como escritor y se aleje de esa intriga que puede producir algún tema histórico con algo pendiente por resolver. Esto hace que no nos encotremos con un Langdon en todo su esplendor y que en esta ocasión pocas veces haya podido hacer gala de todo lo que sabe para seguir adelante en su aventura. Eso es algo que a mí me gusta de sus libros y que acá eché de menos.
Sin embargo, siempre me ha parecido muy valiosa la forma en la que Brown se empapa para escribir sus novelas. Uno claramente sabe que son ficción, pero todo el contexto detrás de ellas hace que a veces la línea sea muy delgada y no viene al caso intentar decir qué es real y que no en una novela de estas pues claramente la suspensión momentánea de la realidad hace parte de todo este juego. Esto añadido a la capa de historia que Brown pone en sus historias. En este libro me gustó mucho estar en Praga y conectar un poco su historia con el pasado y la historia de la ciudad a través del Gólem, una criatura tan mítica y propia de la ciudad que pone ese sello distintivo al libro.
Sin duda Brown ha encontrado la forma de conectar siempre con sus lectores, sean nuevos o viejos y darles justamente lo que vienen buscando. Eso hay acá de principio a fin.
