Este libro nos presenta a Enero Demico una joven apadrinada por el hombre para el que trabaja su padre , una joven con inquietudes que no conoce su propia historia y que sueña con algo más que estar encerrada entre las cuatro paredes de la mansión de su mentor. Éste, se dedica a coleccionar objetos raros que entre otros le trae el padre de Enero. Uno de los objetos es un libro que por casualidad, o no tanta, encuentra nuestra protagonista y la sumerge en el conocimiento de otros posibles mundos.
Lo cierto es que la historia en sí está bien. El comienzo es bueno y te atrapa ya que desde el mismo principio se interpela directamente al lector haciéndole partícipe de la historia y le empuja a estar a la expectativa de esos posibles mundos fantásticos. Quizás sea este comienzo el que marque la lectura ya que no estamos ante un mal libro, pero aunque si tiene fantasía, la autora no aprovecha el tirón de su propia idea y nos cuenta una historia tierna e interesante pero con un ritmo lento que al final hace que se pierda la magia. Hay acción pero muy dosificada, predominando las descripciones y la narración pura. Su prosa es bonita y elegante, a veces algo recargada pero que encaja con el ambiente de primeros del siglo XX en el que se enmarca.
Las casi primeras 200 páginas son bastantes lentas y no es hasta este punto cuando Enero encuentra el libro y empieza la metalectura junto a la acción, ya que algunos capítulos se corresponden con lo que Enero lee en este libro diario. Aquí conoceremos la historia de Yule Ian, Adelaide y la existencia de otros mundos.
Sin duda estamos ante un argumento muy original y una historia en sí con un gran potencial. La autora debería aprovechar esto y continuar con las andanzas de Enero centrándose en esos posibles mundos detrás de las puertas a las que hace alusión el título ya que a pesar de este título apenas se esbozan algunos de dichos mundos.
En conjunto me ha gustado y me quedo con la originalidad de la historia y su potencial.

