Estamos ante una novela que se cataloga como de misterio, pues al fin y al cabo hay una muerte en ella, pero también le añadiría la etiqueta de realismo mágico, ya que tiene algunos pequeños toques del mismo en algunos momentos puntuales de la historia.
A mí lo que más me atrapa de estas novelas de la autora es siempre la ambientación. Esos pueblecitos perdidos entre bosques, más rurales, con sus poquitas personas que se conocen de toda la vida y actúan extraño ante la llegada de nuevas personas... No sé qué tienen, pero me encantan, me dan paz.
La protagonista de esta historia, así como algunos secundarios más importantes, ya son más adultos y se mueven en la treintena, lo cual es algo que me gusta porque la mayoría de libros que leo suelen ser adolescentes. Aquí ya son más maduros, tomaron sus decisiones y comenzaron su vida real. James ha tenido que volver al lugar en el que nació, pero también del que huyó con tan solo 17 años después de unos acontecimientos que iremos conociendo poco a poco a lo largo del libro.
Y es que tanto su vida como la de su hermano Johnny, no fue fácil, pero junto a Micah, su vecino, formaban un grupo que se apoyaba y sobrevivía en un lugar donde no había muchas más salidas. Micah será otro de los personajes importantes que conoceremos durante el libro, ya que vivirá los sentimientos por la vuelta de James y los recuerdos que esto despierta.
Me ha gustado mucho cómo se ha ido desarrollando la historia, dejando de vez en cuando pinceladas del pasado para comprender los comportamientos y decisiones de los personajes, pero también el hilo de misterio en torno a la muerte de Johnny y los secretos que este podía estar ocultados. Lo cierto es que tuve algunos sospechosos a lo largo de la novela, pero no acerté con ninguno, y eso me gustó, que me sorprendiera






