sábado, 8 de agosto de 2026

EL INTERROGADOR DEL VATICANO

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Un thriller de misterio religioso y secretos prohibidos en el Vaticano

Cuando un joven seminarista aparece ahorcado en sus aposentos dentro del Vaticano, el caso se da por cerrado. Su nombre era Eneas Rojas. Oficialmente, se trató de un suicidio.

Extraoficialmente, nadie quiere hacer demasiadas preguntas.

Tres días después, su hermana Valeria Rojas, analista forense, llega a Roma para despedirse de él. Lo que encuentra no es consuelo, sino silencio, puertas cerradas y una institución que parece saber más de lo que está dispuesta a admitir.

Pronto descubre que Eneas no era un seminarista cualquiera.

Era el aprendiz del Interrogador del Vaticano: una figura secreta, anterior incluso a los exorcistas, encargada no de expulsar demonios... sino de interrogarlos.

En lo más profundo de los archivos subterráneos de la Santa Sede, entre manuscritos prohibidos, genealogías ocultas y tecnología moderna, Valeria se verá arrastrada a una guerra que no se libra con armas, sino con lenguaje, fe y conocimiento. Una guerra donde el mal no se manifiesta como un monstruo, sino como una voz que responde antes de ser invocada.

Nada de lo que cree sobre Dios, el demonio o la Iglesia volverá a ser igual.


Qué tipo de novela es

El interrogador del Vaticano es un thriller de misterio religioso con una fuerte carga histórica y mística, alejado del terror superficial y del exorcismo clásico. La tensión nace de las ideas, de los secretos enterrados durante siglos y de la pregunta más peligrosa de todas:


¿Y si el mal no miente... sino que dice una verdad que no estamos preparados para escuchar?


Para lectores de...

Thriller religioso y conspiraciones vaticanas

Misterio sobrenatural tratado con seriedad

Terror intelectual y metafísico

Novelas donde la fe y la razón chocan sin concesiones

viernes, 7 de agosto de 2026

A DONDE TE LLEVE EL TIEMPO

Publicado por Lucky en 17:00 0 comentarios

Natalia es una joven aguerrida y entusiasta encargada de la más grande restauración del Centro Histórico de la que se tiene memoria. Una tarde desapacible de tormenta, su vida da un vuelco inesperado: alcanzada por un rayo, se convierte en granicera, una elegida por los dioses prehispánicos para viajar al pasado.

A partir de este momento, será protagonista de una serie de fascinantes viajes al corazón de la historia de México. Junto a ella, nos adentraremos en la realidad de quienes habitaron el Hospital para Mujeres durante la época de sor Juana, seremos testigos de las conspiraciones independentistas urdidas en el templo de la Profesa, así como de los entresijos de la Guerra Cristera ; conoceremos a la Mulata de Córdoba y a Esperanza Iris; nos emocionaremos con el diseño y la construcción del Ángel de la Independencia. Pero, sobre todo, reviviremos los drásticos y afortunados cambios que convirtieron la capital del país en la más bella Ciudad de los Palacios.

Con recursos literarios ingeniosos nos lleva por el centro histórico de la ciudad de México para descubrir como dice José Emilio Pacheco los palimpsestos de las capas enterradas de la ciudad con la voluntad de ser fieles a la intención de los actores de época y la importancia de tener una buena asesoría interdisciplinar en las políticas culturales del país.

jueves, 6 de agosto de 2026

EL ÚLTIMO SECRETO

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Robert Langdon, el célebre profesor de simbología, viaja a Praga para asistir a una conferencia revolucionaria impartida por Katherine Solomon, una brillante científica noética con quien ha iniciado una relación. 

Katherine está a punto de publicar un libro cuyos asombrosos descubrimientos sobre la naturaleza de la conciencia humana prometen desafiar siglos de creencias consolidadas. Pero un brutal asesinato desata el caos, y Katherine desaparece sin dejar rastro junto a su valioso manuscrito. 

Desesperado por encontrar a la mujer que ama, Langdon se embarca en una carrera contrarreloj por el paisaje místico de Praga, mientras es perseguido por una poderosa organización y por una figura inquietante surgida de antiguas leyendas. 

En la Ciudad de las Cien Torres, un escenario fascinante donde la ciencia más avanzada convive con la tradición, Langdon deberá desentrañar símbolos y códigos para desvelar una verdad sorprendente sobre un proyecto secreto que podría transformar para siempre nuestra comprensión de la mente humana. 

Luego de casi una década sin tener noticias de Robert Langdon, el profesor de simbología más famoso de la ficción está de vuelta en todas las estanterías del mundo y se ha puesto de nuevo en marcha una correría por todo el mundo detrás del “último secreto” que promete —o no, como a veces pasa con los libros de Langdon— desvelarnos al final.

En esta ocasión, nos encontramos con Robert Langdon en Praga, ciudad a la que ha viajado junto con Katherine Solomon —personaje al que ya habíamos conocido en El símbolo perdido— que ahora es su novia y que ha ido a la ciudad a dar una conferencia. En medio de eso, Katherine se encuentra ad portas de publicar un libro con sus descubrimientos sobre la conciencia humana. Todo cambia, cuando al parecer el trabajo de Solomon despierta el interés de una agencia gubernamental y parece tener relación con el asesinato de una importante científica checa.

En medio de todo esto Katherine desaparece, una pesadilla de la noche anterior se hace realidad, hay amenazas de bombas en la capital de Bohemia y por las calles circula, nuevamente el legendario Gólem que ahora debe custodiar a alguien más. Como siempre, nos encontraremos con Langdon en medio de todo esto intentando esclarecer las cosas mientras hace lo posible por dejar de ser tratado como un fugitivo.

Esta vez estamos ante un Langdon un poco alejado de sus primeros libros en los que se encontraba en medio de un rompecabezas histórico que necesitaba de todas sus capacidades deductivas y su conocimiento de simbología para desvelar el secreto mientras intenta esquivar los ataques de ordenes secretas que lo ponen en apuros. Acá nos encontramos con una trama digamos que más trascendental que toca temas como la precognición, la conciencia no local y lo que pasa luego de que morimos. Esto hace que El último secreto se acerque más al tecnothriller con el que Brown comenzó su carrera como escritor y se aleje de esa intriga que puede producir algún tema histórico con algo pendiente por resolver. Esto hace que no nos encotremos con un Langdon en todo su esplendor y que en esta ocasión pocas veces haya podido hacer gala de todo lo que sabe para seguir adelante en su aventura. Eso es algo que a mí me gusta de sus libros y que acá eché de menos.

Sin embargo, siempre me ha parecido muy valiosa la forma en la que Brown se empapa para escribir sus novelas. Uno claramente sabe que son ficción, pero todo el contexto detrás de ellas hace que a veces la línea sea muy delgada y no viene al caso intentar decir qué es real y que no en una novela de estas pues claramente la suspensión momentánea de la realidad hace parte de todo este juego. Esto añadido a la capa de historia que Brown pone en sus historias. En este libro me gustó mucho estar en Praga y conectar un poco su historia con el pasado y la historia de la ciudad a través del Gólem, una criatura tan mítica y propia de la ciudad que pone ese sello distintivo al libro.

Sin duda Brown ha encontrado la forma de conectar siempre con sus lectores, sean nuevos o viejos y darles justamente lo que vienen buscando. Eso hay acá de principio a fin.

miércoles, 5 de agosto de 2026

MI REFUGIO Y MI TORMENTA

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«Mi refugio y mi tormenta» , memorias de la escritora india, parte de la muerte de su madre, con quien mantuvo una conflictiva relación, entre el amor y las espinas. A través de una profunda autoexploración, Roy revela sus luchas, traumas y motivaciones, entrelazando su historia personal con la reciente historia de su país.

Destrozada por la muerte de su madre y, al mismo tiempo, desconcertada y «más que un poco avergonzada» por la intensidad de su reacción, Arundhati Roy comenzó a escribir estas memorias en un intento de comprender sus sentimientos hacia la madre de la que huyó a los dieciocho años, «no porque no la amara, sino para poder seguir amándola». Así empieza esta historia asombrosa, el libro que Roy lleva «escribiendo toda la vida», un texto radicalmente honesto, divertido y profundamente conmovedor. Con la amplitud, el alcance y la profundidad de novelas tan icónicas como El dios de las pequeñas cosas, este libro es un canto a la libertad y un homenaje al amor espinoso, un último abrazo entre madre e hija.

El reto de este libro es llegar hasta lo más hondo a través del desciframiento, del levantamiento de capas, a la manera de un auto-psicoanálisis, pues la autora necesita saber, necesita comprender el por qué de sus decisiones, de sus sentimientos, de sus fortalezas y debilidades; necesita descubrir sus nutrientes, saber el origen de sus motivaciones e impulsos. Y en ese proceso entra en sí misma para poder salir y abrazar a los otros, para mirar a la historia de la India, a los acontecimientos sociales y políticos en los que se ha involucrado, pues estamos ante una mujer combativa, cercana a los más vulnerables desde su propia vulnerabilidad, ante alguien que ha experimentado la violencia y la pobreza antes de convertirse en escritora de éxito, situación que no ha obstaculizado la continuación de sus luchas por causas que considera justas.

Todo arranca con la muerte de la madre, a punto de cumplir los 89 años, una mujer fuerte, singular, entregada a la docencia, reconocida por sus hazañas en ese ámbito, por el logro de haber levantado una escuela en el estado de Kerala prácticamente de la nada, venerada por distintas generaciones de alumnos, pero incapacitada para ofrecer calidez, acogimiento emocional, a sus hijos (la escritora y su hermano), a los que maltrató y humilló, del mismo modo que ella fue humillada por sus padres, educada en una sociedad desigual donde las mujeres apenas tenían derechos. Roy intenta acercarse a sus verdades en este libro en el que reconoce su influencia, el amor que le profesó pese a todo. Es hermoso el comienzo, la manera en que cuenta de qué forma, cuando el avión se inclinaba para aterrizar el día que la madre falleció, la topografía de Kerala, impregnada de la pérdida, de la ausencia, le provocó un palpable dolor físico.

“Nunca había visto ese paisaje querido, nunca lo había imaginado, nunca lo había evocado, sin que ella formara parte de él. No podía pensar en aquellas lomas y aquellos árboles, en los verdes ríos, en los arrozales encogidos y cubiertos ahora de cemento, salpicados de gigantescas vallas publicitarias que anunciaban horrorosos saris de boda y joyería aún más horrorosa, sin pensar en ella…”, nos dice en la primera página, donde ya reconocemos el don de la autora para conmover, para utilizar el poderoso lenguaje del corazón.

“En el intento de descifrar a mi madre, de ver las cosas desde su punto de vista, de situarla, de comprender qué le hizo daño, qué le llevó a hacer las cosas que hizo y a predecir lo que podría hacer o no acto seguido, me metí en un dédalo, en un laberinto subterráneo de senderos en zigzag que afloraban a la superficie en lugares extraños, con la esperanza de encontrar un punto de vista que ofreciese una perspectiva distinta de la mía. Mirarla a través de prismas que no estaban teñidos del todo de mi propia experiencia con ella me permitió valorarla como mujer. Me transformó en escritora, en novelista. Porque eso somos los novelistas: laberintos. Y ahora este laberinto tiene que dar sentido a su ser laberíntico sin ella”, vamos leyendo.

Hay fragmentos de gran fuerza en el arranque del libro, donde ya se marcan sus pilares, sus propósitos. Roy, que narra su abandono de la casa de su infancia, en el pueblo de Ayemenen, cerca de la ciudad de Kottayam (estado de Kerala), cuando tenía 18 años, rumbo a la ciudad de Delhi, donde acababa de empezar tercer curso en la Escuela de Arquitectura, escribe: “Dejé a mi madre no porque no la quisiera, sino para poder seguir queriéndola. Si me hubiera quedado, eso habría sido imposible. Cuando por fin me fui, pasé varios años sin verla ni hablar con ella. Nunca me buscó…”

La figura de la señora Roy, que inspiró el personaje de Ammu en el Dios de las pequeñas cosas, está presente en todo el camino, un trayecto que nace a partir de ella y por ella. Además de sus reconocidos métodos pedagógicos, basados en la educación en igualdad entre los dos sexos, en su biografía destaca su larga lucha judicial por la igualdad de derechos de sucesión para las mujeres cristianas (Ley de Sucesión Cristiana de Travancore), que dio lugar a un crudo enfrentamiento contra su hermano y su madre, y que acabó ganando. La escritora la define como “un gángster” por su chulería para enfrentarse a las normas masculinas, a las reglas de un pueblo del sur de la India “sofocante y conservador”. Fue una mujer capaz de abandonar a su marido alcohólico (un hombre muy peculiar que reaparece muy tarde en la vida de sus hijos); de salir de la pobreza y construir su propio destino, haciendo frente a un asma persistente que agrió aún más su carácter, con fuertes dosis de ira de fondo, una ira dirigida, como señala la autora, “contra la propia maternidad”, contra los hombres y contra sus descendientes.

“Dejé a mi madre no porque no la quisiera, sino para poder seguir queriéndola. Si me hubiera quedado, eso habría sido imposible. Cuando por fin me fui, pasé varios años sin verla ni hablar con ella. Nunca me buscó…”, escribe Arundhati Roy en estas memorias.

Si algo resulta conmovedor en estas memorias es comprobar de qué manera el daño y el amor están entrelazados. Arundhati Roy habla de las espinas que clavó en ella su madre, a la que se refiere como su “refugio” y su “tormenta”. En esas dos palabras, que dan título al libro, está expresado todo. Mientras vamos leyendo, realmente como si se tratara de una novela, percibimos la semilla del combate por las causas justas que esa mujer tan contradictoria dejó en ella. En la infancia de la escritora ya está el magma de su literatura, de su empatía con los seres que sufren, que resisten, que no se resignan. 

Arundhati Roy fue una niña que creció con temor, en conexión con la naturaleza, que se pasaba las horas en las orillas del río en Ayemenem. Se describe a sí misma como parte del paisaje, como “una niña salvaje, con los pies encallecidos, que conocía hasta el último atajo y camino secreto para ir del pueblo al río”. Las complejas y singulares relaciones entre los miembros de la familia materna, “una constelación de personas singulares, excéntricas, cosmopolitas y derrotadas por la vida”, crean a su alrededor un entramado de conflictos, de disputas, un escenario poco propicio para una niñez sana, sin que falten personajes bondadosos, caso de Kurussammal, la mujer que cuidó de ella y su hermano durante una breve temporada, enseñándoles a ambos el significado del cariño, de la confianza, del abrazo. 

Dejo aquí las referencias a la infancia, paso las páginas de los conmovedores primeros capítulos y me detengo en la vida de la escritora fuera de la influencia materna, en Delhi, ya liberada de ser la “valiente hija-órgano” que creía que debía respirar por su madre, convertirse en sus pulmones para salvarla. Una y otra vez se refiere Roy al miedo, esa “polilla fría” que habitaba en su corazón desde muy temprana edad y que llegó a limitarla, a aislarla de su entorno, en su etapa de estudiante, ajena entonces a los importantes movimientos históricos que estaban acaeciendo a su alrededor.

En esa etapa “India estaba viviendo su peor crisis política desde la Independencia. En 1975, con el fin de acallar el malestar y el descontento generalizado  contra el gobierno, la primera ministra Indira Gandhi, decretó el estado de emergencia. Se suspendieron los derechos civiles; miles de personas fueron encarceladas. El poder judicial estaba corrompido, la prensa de rodillas. El hijo menor de Indira Gandhi, Sanjay Gandhi, y su camarilla de rufianes privilegiados abogaban por el control de la población en campos de internamiento para la esterilización forzosa de miles de hombres, en su mayoría musulmanes. La otra obsesión de esta camarilla era el embellecimiento urbano. Las excavadoras arrasaron los arrabales de todo el país y expulsaron a los pobres de sus hogares (…) En 1977, Indira Gandhi convocó elecciones y las perdió. Yo lo celebré como si hubiera encabezado la resistencia”, hace repaso de esos momentos cruciales la escritora.

El trayecto personal y el colectivo se entrelazan en esta entrega que nos permite un acercamiento a la historia reciente de la India. El interés por las causas sociales, por la defensa de los derechos humanos, de la ecología, cada vez van preocupando más a nuestra protagonista, hasta llegar a marcar de forma rotunda su etapa adulta, con procesos judiciales en su contra que coinciden con su reconocimiento literario. Pero antes de llegar ahí hemos de atravesar su etapa de formación, donde la arquitectura tiene un papel importante, del mismo modo que el cine, ocupaciones y actividades anteriores a su despertar a la literatura, a su encuentro con esa voz propia que sabía tenía que surgir en cualquier momento. Hemos de conocer sus amistades, sus amores, su necesidad de huir de las relaciones estables, su rechazo a las familias privilegiadas, aparentemente felices.

Es mucho lo que nos ofrece este libro de autoexploración que seguramente, me atrevo a decir, Arundhati Roy necesitaba escribir para seguir dando pasos hacia delante. Hay un momento en el que valora la esperanza que su madre supuso para sus alumnas, a las que estimulaba a desafiar el miedo y el control masculino. Y se refiere a la manera en la que el cine que se hacía entonces en su país reflejaba la superioridad de los hombres, el castigo que esperaba a las mujeres transgresoras. “Como todas las jóvenes que han crecido viendo estas películas yo creía que a todas las mujeres las violaban, que solo era cuestión de cuándo y dónde. Esto explicaba que llevara un cuchillo en el bolso cuando llegué por primera vez a la estación de tren en Nizamuddin, en Delhi”, nos hace saber, contraponiendo el bien que su madre supuso, como docente, para tantas jóvenes, con la actitud que mantuvo con su propia hija. “A mí, en cambio, la señora Roy me enseñó a pensar y luego despotricaba de mis ideas. Me enseñó a ser libre y luego despotricaba de mi libertad. Me enseñó a escribir y luego no le gustó la escritora en que me convertí”.

Capítulo a capítulo vamos asistiendo a la forja de un carácter. La rebeldía, la no aceptación de las reglas porque sí, la batalla contra las injusticias, se ponen de manifiesto ya en la joven estudiante de arquitectura que fue Arundhati Roy, una vez superados los bloqueos. La vemos proponiendo proyectos para los más necesitados, discutiendo con sus profesores, inspirada por las enseñanzas de Laurie Baker, un pionero de la arquitectura sostenible y ecológica, en quien su madre confió la construcción de su escuela en una zona sin urbanizar, denominada “el monte pelado”. Sobre Baker señala la escritora: “Era un genio no solo porque hacía construcciones baratas, sino porque sus edificios no tenían ese aire triste, sucio y deprimido de la construcción modular propio de la arquitectura de bajo coste. Cada uno de sus edificios era único y tenía alma, alegría y una especie de irreverencia radical característica de su personalidad”.

Son muchas las aventuras, las vicisitudes, los cambios de rumbo, en la vida de Arundhati Roy. El suyo es un trayecto apasionante, lleno de obstáculos, de aprendizajes, de casualidades, de sorprendentes encuentros. El director de cine y destacado naturalista Pradip Krishen, autor de Los árboles de Delhi y otras obras de referencia en su campo, es una figura esencial en estas memorias que vamos leyendo como una novela. “Me había enamorado perdida y peligrosamente”, asegura, quien pasa a contar que, poco después de conocerlo, él la invitó a participar en el rodaje de la película Massey Sahib, en la que interpretó un papel en el que no tenía que pronunciar palabra, solo ser presencia. Ese rodaje lo cambió todo, dio inicio a la que ha sido su relación sentimental más estrecha, a lo más parecido a una familia, a la manera de ambos, en compañía de las dos hijas de él, además de a una fructífera colaboración profesional, en la que Roy demostró sus dotes como guionista, preludio de su nacimiento como escritora.

Mientras tanto, se producen encuentros con su madre, siempre entre el amor y el conflicto, al tiempo que reaparece el padre, “un completo desconocido” para ella, un ser singular, errático, embaucador, con no poco encanto, por el que llega a sentir afecto. Las relaciones con él, con su hermano, un adulto que había logrado disfrutar de la vida, pese a su infeliz infancia, ocupan un lugar destacado en el libro. Pero doy un salto y me detengo en el momento en el que Arundhati Roy comprende que había llegado el momento de convertirse en la escritora que de niña imaginó ser.

“Nada me hacía olvidarme del mundo tanto como leer. Nada me hacía pensar en el mundo tanto como leer. Nada me llenaba más. Nada me vaciaba más”, escribe, reconociendo la formación literaria cercana que recibió (Shakespeare, Kipling, Joyce y otros “escritores varones y blancos”), gracias a su madre y a su tío, G. Isaac, otro personaje a contracorriente, verdaderamente novelesco, que ha traspasado a sus ficciones.


Y capítulos más adelante da cuenta exacta del día en el que fue consciente de que había encontrado su voz, de que por fin había dado caza a ese “animal-lenguaje” que estaba esperando emerger de lo más profundo de su ser. “Sabía que si era capaz de describir mi río, si era capaz de describir la lluvia, si era capaz de describir la sensación de tal modo que otros pudieran ver, oler, tocar todo ese mundo, entonces podría considerarme escritora”.


Así relata ese momento de revelación. Y así se refiere al nacimiento de una historia que llegó a ella a través de una imagen: “dos niños, Rahel y Estha, hermanos gemelos, la cara pegada contra la ventanilla de un Plymouth azul cielo con el sol en los alerones traseros y un anuncio de conservas en el techo…” Se trata de El dios de las pequeñas cosas, a la que puso el punto final después de más de cuatro años; una primera novela que narra la historia de una familia que vive en un pueblecito de Kerala, una historia que se nutre de su infancia, de sus vivencias, con la que ganó el Premio Booker, un galardón que le regaló una de las pocas muestras de reconocimiento, de amor, de su madre (“Enhorabuena, niña”).

El dios de las pequeñas cosas conmovió, y sigue haciéndolo, a lectores de todo el mundo, pero dentro de su país disgustó a los dirigentes del partido comunista que gobernaba Kerala, con los que la autora sentía afinidad, pero que se sintieron molestos por la crítica que veían en el libro a la actitud del partido ante la cuestión de la casta. Y, además, fue señalado por “obsceno y corrupción de la moral pública” por cinco abogados varones de una ciudad vecina, dando lugar a la primera querella criminal interpuesta contra la escritora a lo largo de los años, las otras dos por textos de carácter político, llevándola una de ellas brevemente a prisión. 

La novela le abrió las puertas a un nuevo mundo (editores, agentes literarios, lectores, presentaciones, viajes) y llegó el dinero que tanto se había resistido, un dinero que ha seguido fluyendo y que ha compartido generosamente, desde el primer momento, con sus próximos: su madre, su hermano, sus amigos y “todo el que mereciera algo”, señala la escritora, quien prosigue: “A lo largo de los años he aprendido que compartir dinero con amor y solidaridad es un proceso delicado, mucho más difícil que acapararlo. Pero mientras no vivamos en un mundo más igualitario, compartir (con responsabilidad) es lo único que podemos hacer”.

El final de la madre, el funeral, ocupa las últimas, cálidas y emotivas, páginas de estas memorias llenas de “refugio” y “tormenta”. Con estas palabras la escritora se refiere a su relación con ella, pero yo pienso que también son válidas para describir los caminos de su vida. Un mensaje de la señora Roy, un día imprevisto, expresándole lo mucho que la quería, fue un hermoso regalo para la hija, quien escribe: “Hasta el último día que pasé con ella, nunca conseguí acostumbrarme o anticiparme a esos giros imprevisibles, a la luz y la sombra, a sus bruscos cambios de humor Pero sí había aprendido a quedarme fuera del azote de su furia lacerante. O eso creía. A veces no calculaba bien. En realidad, estoy hecha con los residuos de esa furia”.

Este fragmento de reconocimiento da sentido a un libro lleno de verdad y de búsqueda, de dolor y también de sanación. Tras la muerte de su madre, Arundhati Roy recuperó su primera vocación, la arquitectura, para remodelar la ya estropeada casa de su madre y construir una Arboleda en su honor. De esta manera, con una vuelta atrás, se cierran estas memorias que discurren como un río caudaloso, que leemos como una novela, como nos pidió su autora, muy al comienzo del trayecto, páginas iniciales en las que confiesa que “quizá, incluso más que como hija que llora el fallecimiento de su madre”, lloraba como escritora ante la pérdida de quien no duda en considerar su tema más fascinante. 

martes, 4 de agosto de 2026

ETERNAMENTE NOSOTROS

Publicado por Lucky en 17:00 0 comentarios

"Eternamente Nosotros" de Jairo Guerrero es un libro de poesía y reflexiones sobre la intensidad del amor, la melancolía del desamor y la aceptación de los finales. Más que sanar, busca acompañar en el dolor de una ruptura, explorando la memoria, la despedida sincera y la valentía de dejar ir a alguien que fue importante. 

"Eternamente Nosotros" no es un libro para sanar, es todo lo contrario. Cada escrito te va a doler en el alma hasta que puedas aceptar que hay historias que también deben tener un final. Despedir a un amor que alguna vez lo fue todo…


Así, de la mejor manera: Con lágrimas y sin rencores.

"Te quise,

te quiero

y aunque el universo nos tenga

hoy en día separados,

jamás olvidaré

lo que alguna vez fuimos…

…o pudimos ser.

Eternamente Nosotros".

Temas principales y estilo:

Aceptación de finales: Se centra en amores apasionados que, a pesar del sentimiento, deben terminar.

Desamor y duelo: Los escritos exploran el dolor, la soledad y la necesidad de aceptar la realidad de una separación.

Memoria compartida: Reflexiona sobre las huellas que dejan las relaciones y cómo el amor puede vivirse de diferentes maneras.

Escritura directa: Es una obra con un tono sensible pero directo, característico de la literatura contemporánea de amor propio y relaciones en redes sociales.

lunes, 3 de agosto de 2026

LADY BLUE EYES. MI VIDA CON FRANK

Publicado por Lucky en 17:00 0 comentarios

Como persona con trastorno bipolar de pura cepa”, dijo una vez Frank Sinatra, “y habiendo vivido una vida de violentas contradicciones emocionales, tengo una capacidad excesivamente aguda para la tristeza, así como para las emociones”.

No bromeaba. Sinatra fue mucho más que el cantante más influyente del siglo XX y la estrella ganadora del Óscar por películas como De aquí a la eternidad, El mensajero del miedo, Un día en Nueva York y Dos hombres y dos mujeres. Inspiró emociones desmesuradas no solo en sus fans, sino también en otras celebridades del siglo XX , cuyas respectivas autobiografías no estarían completas sin una anécdota sobre la enorme, y a veces imprudente, generosidad de Sinatra (llegando incluso a intentar conseguir heroína para una desesperada Billie Holiday mientras agonizaba), su extraordinario talento o, según Shelley Winters , su terrible temperamento.

«Sinatra es un hombre único, completamente libre de hipocresía», señaló su amigo Cary Grant . «Para la mayoría de la gente, enfrentarse a la honestidad es inusual, e incluso aterrador para algunos».

Su necesidad imperiosa de amar y ser amado también convirtió a Sinatra en uno de los seductores más prolíficos de la época. Entre sus conquistas, tanto supuestas como confirmadas, se encuentran su inmortal amada Ava Gardner , Mia Farrow, Marlene Dietrich , Gloria Vanderbilt, Lana Turner , Angie Dickinson, Marilyn Maxwell, Marilyn Monroe, Judy Garland, Jill St. John, Lauren Bacall y, lo más inquietante, una joven Natalie Wood de quince años. Claro que podría haber otra razón por la que las mujeres lo adoraban. «Solo hay cinco kilos de Frank», declaró Gardner a los periodistas, «pero hay ciento diez kilos de polla».

La viuda de la leyenda de la época dorada de Hollywood describe su noviazgo y sus más de dos décadas de matrimonio, ofreciendo una visión de los altibajos de su relación, así como de las complejidades del carácter de Sinatra, en un homenaje complementado con fotografías familiares.

 Sí, «Lady Blue Eyes: My Life With Frank» habla de Dean y Bono, Liza y Liz, Rainier y Grace. Y ofrece una mirada íntima a un hombre complejo. Pero ese no es su objetivo principal. En esencia, esta autobiografía es una historia sencilla de un amor duradero, y la visión sin precedentes se centra menos en el hombre que ya ha sido analizado en decenas de libros, y más en una mujer que el lector pronto descubre que es bastante interesante por derecho propio.

Cuando visita la tumba de Frank, rodeada de fotógrafos y admiradores, Barbara escribe: «A veces me pregunto qué pensarán de mí, esta mujer de ochenta y tantos años que vela a su difunto esposo. Pocos saben de dónde vengo o cómo llegué hasta aquí. No saben nada de mi vida antes de Frank, ni de lo plena que se volvió tras conocerlo. Si supieran los lugares que he visitado, las cosas que he visto, la gente que he conocido en mi camino. ¡Menuda fortuna!».

Quienes piensen en Barbara Sinatra simplemente como la esposa de una celebridad con un peinado al estilo de Nancy Reagan se sorprenderán al saber que era una mujer exitosa y hecha a sí misma antes de casarse con Frank. Hija de un carnicero de un pequeño pueblo de Misuri, pasó su infancia anhelando una vida emocionante. Al convertirse en una rubia alta y deslumbrante, vio en el modelaje y en un matrimonio temprano su vía de escape de la monotonía. Pero pronto se encontró siendo una joven madre abandonada por un marido inconstante.

Barbara, que nunca se quejó, lanzó una línea de cosméticos, ayudó a fundar el concurso de Miss Universo y abrió una escuela de modelos en Los Ángeles. Pero no era tan feminista como para no estar dispuesta a renunciar a todo por un hombre.

Cuando conoció al presentador de televisión Joe Graydon, le cedió sus estudios de modelaje a un empleado, se mudó con Graydon a Las Vegas y consiguió un trabajo como bailarina. Y cuando eso no funcionó, se mudó a Palm Springs, California, y se casó con Zeppo Marx, el famoso hermano que la había pretendido durante años.

La mansión de Frank Sinatra en Palm Springs estaba cerca de la casa de Marx, y Barbara se unió al círculo social de Sinatra. Pero con Frank casado con Mia Farrow y saliendo con varias estrellas de Hollywood, la relación fue platónica hasta una noche de 1972, cuando, como dice Barbara: "Me encontré de repente en el camino de esa extraordinaria fuerza de la naturaleza".

«Frank me había estado observando toda la noche como si me viera por primera vez», escribe Barbara. «Sin importar lo que surgiera de la discreta seducción que había iniciado —y en aquel entonces no imaginaba que llegaría a ser algo más que una aventura pasajera—, esperaba su siguiente movimiento con gran expectación. Tal era el magnetismo de Sinatra que realmente no tenía otra opción».

Poco después, Barbara inició una aventura con Frank, divorciándose de Zeppo en el proceso. Tras trece años de matrimonio con un hombre multimillonario, recibió 180.000 dólares y un Jaguar de cuatro años en el acuerdo de divorcio. Sin embargo, incluso después de quedar libre, tuvieron que pasar tres años y un ultimátum para que Frank finalmente aceptara casarse con ella.

“Al fin y al cabo, era el hombre más famoso del mundo. A pesar de mis secretas esperanzas de que algún día surgiera algo más permanente, sabía que el simple hecho de estar a su lado me convertía en la chica más afortunada del mundo”, escribe Barbara.

Barbara recorrió el mundo con Frank. Adicto a la emoción, le gustaba mantenerse ocupado y rodearse de gente, de fiesta toda la noche y durmiendo hasta la tarde. El príncipe Rainiero y la princesa Grace, Gregory Peck, Cary Grant, Liza Minnelli y el Rat Pack eran sus compañeros inseparables. Elizabeth Taylor recibió su famoso diamante de 69 quilates como regalo de maquillaje de Richard Burton después de que este comparara desfavorablemente sus piernas con las de Barbara.

Barbara pronto descubrió qué motivaba a Frank. Increíblemente generoso, siempre pagaba la cuenta y sus propinas eran legendarias. Pero también se aburría con facilidad, tenía un carácter explosivo y una manía por provocar a los demás. Poseía un temperamento explosivo y apasionado que, alimentado por una copa de Jack Daniels siempre presente, estallaba inesperadamente. Como Frank nunca se disculpaba, Barbara se convirtió en su pacificadora.

Barbara acepta los defectos de Frank sin poner excusas. Quienes busquen trapos sucios sobre Frank Sinatra no los encontrarán en este libro. Lo mismo ocurre con el erotismo. Hay una sutil referencia a cómo la pasión de Frank en la vida le reporta beneficios en otros aspectos, pero, por lo demás, Barbara mantiene las puertas de la habitación cerradas con llave.

En cambio, se centra en la historia de amor. «Frank era, sin duda, el hombre más romántico que jamás había conocido», escribe Barbara. «No solo se esforzaba por decirme cuánto me quería cada día, sino que también dejaba pequeñas notas y tarjetas por toda la casa para que yo las encontrara».

Una de esas notas decía: “Cariño: Estoy seguro de que millones de hombres en el mundo aman a sus esposas, pero estoy aún más seguro de que mi amor por ti es mucho más abrumador. Me abruma cada día, constantemente. Solo verte cada mañana alegra mi día. Rezo para que vivamos al menos cien años. Charlie Neat.”

Frank Sinatra vivió 82 años y falleció en los brazos de Barbara. 

Me encantó este libro, lo leí en tres días, ¡no pude dejarlo! , Barbara Sinatra es a la vez sincera y hace que la historia fluya. ¡He sido fan de Sinatra toda mi vida y aun así aprendí muchas cosas que no sabía sobre este gran hombre y su gran talento! , también conocí a Barbara Sinatra en este libro y descubrí que era una persona muy honesta y franca, que no teme decir la verdad sobre sí misma y sobre los demás. Me di cuenta de que omitió a todos los hijos de Frank, excepto a Frank Jr., lo que me hizo recordar la vieja cita «Si no puedes decir nada bueno, no digas nada». Me imagino que no fueron muy amables con ella, pero nunca dijo ni una palabra, buena o mala, sobre ellos. 

Recomiendo encarecidamente este libro a cualquiera, ya que fue una gran lectura. Descubrí que Frank Sinatra era un hombre muy cariñoso, amoroso y complicado con un corazón de oro. Y aplaudo a Barbara Sinatra por ser una esposa tan amorosa y por hacer que sus últimos 30 años fueran los más felices de su vida

domingo, 2 de agosto de 2026

LEAN LIBROS

Publicado por Lucky en 17:30 0 comentarios


 

 

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