viernes, 13 de marzo de 2026

GENTE DE HITLER

Publicado por Lucky en 17:00 0 comentarios

Por qué tantos alemanes participaron en los crímenes de la Alemania nazi? ¿Cómo llegaron a apoyar a Hitler y a seguirle casi hasta el final? Durante demasiado tiempo se ha presentado a los nazis como poco más que psicópatas o criminales. En esta nueva e importante obra, Richard J. Evans - una de las autoridades más destacadas del mundo sobre el Tercer Reich - se sirve de una gran cantidad de nuevas pruebas recientemente desenterradas para quitar el barniz de mito y leyenda de los rostros del Tercer Reich y presentar una visión más realista de los perpetradores nazis como seres humanos que eran inquietantemente parecidos a nosotros.

En círculos concéntricos Evans ofrece retratos nuevos, redondos, frescos y a menudo sorprendentes de los hombres y mujeres que crearon y sirvieron a la Alemania nazi, empezando por el propio Hitler y siguiendo por figuras destacadas como Göring, Goebbels y Himmler, ejecutores de las órdenes de Hitler como Eichmann y Heydrich, propagandistas como Leni Riefenstahl, perpetradores de bajo nivel como la tristemente célebre Irma Grese y simpatizantes y compañeros de viaje desconocidos que ayudaron al régimen de innumerables maneras.

Gente de Hitler es una obra escalofriante y brillantemente escrita que permite al lector comprender la textura y los valores del Tercer Reich y hasta dónde son capaces de llegar los individuos cuando han desaparecido tantas limitaciones morales normales.

¿Quiénes eran los nazis? 

¿Qué motivó a los líderes y funcionarios del movimiento nazi y a quienes pusieron en marcha su proyecto? 

¿Qué había pasado con su brújula moral? ¿Eran en algún sentido desviados, trastornados o degenerados? 

¿Eran gàngsters que actuaban con intenciones criminales? ¿O eran «hombres corrientes» (y algunas mujeres) o, más exactamente, «alemanes corrientes»? 

¿Procedían de los márgenes de la sociedad, eran marginados o, en cierto sentido, formaban parte de la corriente dominante de la sociedad alemana? 

¿Y cómo explicamos el afán de Hitler por alcanzar el poder dictatorial? 

¿Era una especie de cáscara vacía, desprovista de cualidades personales y sin vida personal, en la que los alemanes volcaban sus ambiciones y deseos políticos más profundos? 

¿Qué hizo que personas por lo demás normales llevaran a cabo, o aprobaran, terribles y asesinas atrocidades contra los enemigos reales y supuestos del nazismo? ¿O tal vez no eran normales en absoluto? 

Más allá de esto, ¿por qué tantos líderes alemanes en puestos de responsabilidad, en las instituciones clave de la sociedad, apoyaron la dictadura, la guerra y el genocidio? 

¿Y qué pensaron los que sobrevivieron a la guerra sobre su conducta bajo el Tercer Reich? 

¿Obtuvieron una perspectiva moral al respecto, se arrepintieron, llegaron a comprender lo que habían hecho?

Estas preguntas constituyen el núcleo del presente libro. Y en los últimos años han cobrado nueva urgencia e importancia. Desde poco después del comienzo del siglo XXI, las instituciones democráticas se han visto amenazadas en muchos países de todo el mundo. Están surgiendo hombres fuertes y aspirantes a dictadores, a menudo con un considerable apoyo popular, para socavar la democracia, amordazar a los medios de comunicación, controlar el poder judicial, sofocar a la oposición y socavar los derechos humanos básicos. La corrupción política, la mentira, la deshonestidad y el engaño se están convirtiendo en la nueva moneda de cambio de la política, con resultados fatales para nuestras libertades fundamentales. El odio y la persecución de las minorías van en aumento, atizados por políticos sin escrúpulos. El futuro es sombrío, las perspectivas de libertad y democracia inciertas.

¿Cómo explicar el ascenso y el triunfo de tiranos y charlatanes? ¿Qué hace que alguien se deje llevar por el ansia de poder y dominación? ¿Por qué esos hombres -y casi siempre son hombres- consiguen reunir a su alrededor discípulos y partidarios dispuestos a cumplir sus órdenes? ¿Es el conjunto de valores morales de la sociedad tan débil, o tan deformado, que su disposición a violar los preceptos convencionales de la decencia humana llega a no conocer límites? En esta preocupante situación, muchas personas miran al pasado en busca de respuestas a estas preguntas. El paradigma del colapso de la democracia y el triunfo de la dictadura sigue siendo el destino de la República de Weimar alemana y el ascenso de los nazis. Hitler y su círculo han sido entendidos de muchas maneras diferentes: como un grupo de psicópatas, una banda de criminales, una colección de intrusos, incluso una versión moderna de los emperadores más desquiciados y destructivos de la Antigua Roma y sus cortes. No pocas veces se les ha descrito como dementes o, al menos, con algún tipo de trastorno psicológico. Este libro examina de cerca a las personas que derrocaron la frágil democracia de la República de Weimar, crearon el Tercer Reich, lo mantuvieron en el poder durante más de una década y lo llevaron a la guerra, el genocidio y la autodestrucción. Sólo examinando las personalidades individuales y sus historias podemos llegar a comprender la pervertida moralidad que creó y mantuvo el régimen nazi y, al hacerlo, quizá aprender algunas lecciones para la convulsa época en que vivimos.

El historiador divide en cuatro su investigación. Atendiendo primero al propio dictador, su círculo político más cercano, aquellos que lo hicieron posible, para terminar con los "perpetradores e instrumentos del régimen". Un relato que se sobrepone a la patologización del mal, tratando de encontrar las razones del horror en el día a día de sus protagonistas.

El historiador alemán Hans Mommsen llegó a afirmar que "sería más fácil comprender el nazismo por medio de un relato que prescindiera del todo de las personas". En esta reflexión se encuentran los esfuerzos expuestos por muchos de los investigadores que trataron de crear un perfil unívoco que diese explicación a los doce años de terror de Hitler.

Desde su prólogo, Evans nos da el quid para entender la función de un libro como este frente a la extensa bibliografía del Tercer Reich. La inspiración de La gente de Hitler se encuentra en la obra publicada por Joachim C. Fest (El rostro del Tercer Reich), publicada en 1963. Un libro fundamental, todavía hoy, para comprender las biografías de los miembros del Partido Nazi, aunque incapaz de ver más allá de las conclusiones que todavía relacionan crimen y patologías.

Evans rechaza de pleno la teoría de un Führer aquejado de traumas emocionales y afectivos. Apenas se había asentado el humo en Berlín cuando empezaron a proliferar las primeras biografías y estudios sobre Hitler. La concepción del horror surgía de la voluminosa documentación recogida para los Juicios de Nuremberg, pero también de antiguos confidentes y colaboradores que trataban de justificar su participación a través de la psicosis y el miedo.

Es en esos años cuando los esfuerzos de los historiadores se centran en hablar del culto a la personalidad hitleriano y las distintas patologías psicológicas dictadas por los psiquiatras de los Aliados. Sin embargo, Evans nos recuerda que ninguna de esas conclusiones impidieron que sus protagonistas fuesen juzgados y ajusticiados.

El historiador rechaza de pleno la teoría de un Führer aquejado de traumas emocionales y afectivos, una teoría también largamente extendida. En su lugar, Hitlerse nos presenta como un oportunista fanático, con un paso por el ejército anecdótico, alejado de la propaganda nazi que le representaba como a un héroe de guerra. Pero, por encima de todo, como un ser humano tan corriente como cualquier otro.

Evans arranca este libro con un ensayo biográfico desde el que trata de arrojar luz sobre el dictador. Lo describe como "un don nadie" en sus primeros treinta años de vida. A los datos harto conocidos como el de su pulsión artística frustrada por su falta de talento, se le suman otros menos conocidos como sus también nulas aptitudes para el estudio o la guerra.

Tras la Primera Guerra Mundial obtuvo uno de los mayores méritos militares al valor a pesar de haber mantenido un papel secundario como mensajero. Evans apunta a que este honor se debió a la camaradería que tuvo entre los oficiales que decidían dichas condecoraciones y que presionaron para que fuese congraciado con una. Ni héroe de guerra ni preso político. Los años siguientes reconfiguraron la biografía de Hitler para disimular su pobreza personal

El historiador recapitula también las condiciones en las que Hitler estuvo encarcelado tras el Putsch de Munich de 1923 y conocidas recientemente por los historiadores. Contaba con carta blanca para recibir visitas, más de 300 en los escasos nueve meses que estuvo en prisión y que fueron aderezados con todo tipo de bebidas y comidas que le llegaron a valer el título de "la celda Delicatessen" por parte de los otros reclusos. La realidad es que sus relaciones románticas existieron aunque fueron también terroríficas y siempre a la sombra del gran público. En el caso de una de sus parejas, Geli Raubal, se llegó a suicidar dadas las condiciones de abandono y secretismo a las que fue confinada su relación.

Evans se distancia así de la patología asesina que muchas veces acompaña a los perfiles psicológicos de la camarilla hitleriana. Por muy terribles que fueran las políticas del Reich, el historiador se centra en el día a día de los personajes que promovieron, entre otras atrocidades, la muerte de más de once millones de personas en los campos de exterminio para entender su verdadera naturaleza.

El 'soldado de hierro', Hermann Göring, infló con mentiras sus aptitudes para la caza y era habitual que en sus delirios de opio se disfrazase con togas y tocados de perlas, con la esvástica a modo de tocado, emulando al patrón de la caza, San Huberto. En el momento de su captura, en 1945, se dice que apareció frente a Eissenhower con más de una decena de maletas y las uñas de pies y manos pintadas de un intenso color rojo.

El ministro de propaganda, Joseph Goebbels, era un ser anodino, eclipsado y fascinado por Hitler, capaz de pasar por el aro incluso poniendo a su propia mujer, Magda Goebbels, al servicio de los designios de amoríos platónicos del dictador. En las entradas de sus diarios nos sorprende el tono lastimero con el que se compadece de su poca popularidad: "No tengo amigos en el partido, solo Hitler".

El historiador se detiene en la figura de Ernst Röhm, jefe de las tropas de asalto nazis (las SA), asesinado so pretexto de un golpe de Estado contra el Reich durante La noche de los cuchillos largos. Evans se apoya en biografías recientes, como la de Eleanor Hancock, para representar a un Röhm que jamás escondió su homosexualidad y que abogaba por su legalización, al mismo tiempo que propagaba el terror a través de la organización de la que era mando.

La mejor forma de entender el alcance del mal es detenernos en las miles de personas que formaron parte del aparato de mal sistemático en que se convirtió Alemania. Personas que terminaron formando parte a activa del horror de forma, muchas veces, fortuita. Es el caso de Karl Brandt, convertido en el médico personal de Hitler, entre otros tantos títulos. Un ascenso que recibió tras intervenir de emergencia a Wilhelm Brückner tras un accidente de coche y que le garantizó un asiento en los Juicios de Nuremberg.

Fortuita fue también la participación de Erna Petri, esposa de un oficial de las SS y responsable del asesinato de diez judíos, seis de ellos niños, con el objetivo de demostrar su valía. No fue la única, Ilse Koch, esposa de Karl Otto Koch, pasó años amedrentando y asesinando a los prisioneros de los campos que controlaba su marido y por los que fue juzgada y sentenciada a cadena perpetua en la prisión de Ainach.

Un personaje tan sádico que no tardaron en surgir cientos de historias en torno a prácticas sexuales extremas, orgías y demás prácticas masoquistas entre reclusos, la mayoría de ellas infundadas. De nuevo, se intentaba generar una imagen de degeneración, llegando a afirmar que adornó su cuarto con pantallas de lámparas hechas con la piel humana. Como si el mundo tuviese que justificar el horror a través de historias aún más sádicas.




 

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