Son los felices años veinte, y en Madrid florece un mundo nocturno de plumas y oropel, pero los cadáveres empiezan a multiplicarse y los asesinatos resultan cada vez más truculentos. Durante la investigación, el inspector, el forense y la artista descubrirán un Madrid oculto, plagado de supersticiones y libros misteriosos que pueden provocar la locura de quien los lee: un Madrid, en definitiva, donde bien puede camuflarse un asesino.
“Resultaba fascinante la facilidad con la que uno se acostumbraba a esa gente tan rara. Incluso le parecía mal, ahora, que el resto demostrase escándalo por mujeres liberadas y trabajadoras u hombres que se dijeran mujeres. Después de todo, que les dejaran vivir a su aire era lo único que pedían”
Esa cita es el reflejo perfecto del espíritu que recorre ‘La fábrica de ángeles'. María Zaragoza nos conduce a un Madrid de los años veinte en plena efervescencia. La modernidad y libertad que se respiraba en teatros y cabarets conviven con las sombras y supersticiones que acechaban los callejones de la ciudad, en una historia que combina el pulso del thriller policíaco con el retrato de una urbe fascinante y peligrosa, donde el deseo de vivir a su aire podía convertirse en una condena.
Cuando el cadáver de la Sirenita de Ampurias, una conocida cantante, aparece destripado sobre el escenario del teatro en el que trabajaba, el inspector Adolfo Kobler y el médico forense Miralles se verán empujados a trabajar en la investigación junto con Adoración Venecia, artista de vanguardia, empresaria teatral y bailarina exótica. Durante la investigación, descubrirán un Madrid oculto, plagado de leyendas y libros misteriosos que pueden provocar la locura de quien los escucha: una ciudad donde bien puede camuflarse un asesino.
El trío de personajes se complementan de manera magistral. Adolfo Kobler, inspector de policía, representa el orden y la lógica; su instinto para descubrir lo oculto lo convierte en el eje racional de la historia. A su lado, el doctor Amador Miralles aporta el rigor de la ciencia, con un análisis minucioso de los cuerpos y un conocimiento profundo de los límites de lo humano. Sin embargo, ese equilibrio entre ciencia y razón se tambalea con la irrupción de Adoración Venecia: mujer independiente que rompe moldes y se niega a aceptar los límites que le impone su tiempo. Su perspectiva libre y audaz no solo desafía tanto las reglas policiales como los prejuicios de la época, sino que también abre la puerta hacia una reflexión sobre la independencia femenina y el lugar de la mujer en una sociedad que empieza a transformarse.
La combinación de estos tres personajes es uno de los mayores aciertos de la novela. Zaragoza construye los personajes con mucha intención: Kobler y Miralles representan dos pilares de la razón —el instinto y la ciencia—, mientras que Adoración encarna el futuro, la modernidad y la ruptura con lo establecido. Su voz feminista, lejos de sonar impostada, resulta orgánica y coherente con el contexto de la obra, pues encarna a esas mujeres de los años veinte que empezaban a reclamar espacio en la vida pública, el arte y la libertad personal. Este triángulo dota a la historia de una riqueza de miradas que hace que la investigación no sea un simple “quién lo hizo”, sino una exploración más profunda sobre el poder, la libertad y los miedos colectivos.
Pero más allá de los protagonistas, la autora teje una red de secundarios que completan el retrato de la ciudad: artistas bohemios, empresarios de variedades, figuras del hampa y soñadores atrapados entre la modernidad y el peso de las supersticiones. Todos ellos, incluso en papeles breves, aportan color y densidad al relato, sumergiendo al lector en el bullicio del Madrid nocturno, que se presenta como un escenario vibrante.
Zaragoza mezcla con acierto la novela policíaca clásica con elementos de misterio casi sobrenaturales. La presencia de libros prohibidos, rituales ocultos y las supersticiones que recorren las calles de Madrid introducen un matiz inquietante que añade tensión psicológica a la intriga. El lector se mueve constantemente en un terreno ambiguo, sin saber si lo que ronda tras los crímenes pertenece al terreno de lo humano o de lo inexplicable. Este juego con el límite entre la cordura y la locura convierte cada giro en un golpe de efecto.
Al mismo tiempo, la novela no se olvida de su trasfondo histórico. Los felices años veinte aparecen retratados en toda su contradicción: la euforia de la modernidad y la vida nocturna, el nacimiento de nuevas corrientes artísticas, la fascinación por lo extranjero, frente a la rigidez de una moral asfixiante que se resiste a desaparecer. En esa tensión entre progreso y superstición se mueve toda la historia, convirtiendo cada asesinato en un espejo de los dilemas sociales de la época.
La prosa de la autora, rica y envolvente, crea una narración cuidada y sugestiva, repleta de imágenes que sumergen al lector en la época sin limitarse a un simple decorado. Juega con los ritmos, alternando momentos de calma y reflexión con golpes de intriga que mantienen la tensión narrativa, logrando un equilibrio notable entre la intriga y la evocación histórica, lo que dota al relato de una gran riqueza.
‘La fábrica de ángeles' es más que una novela de misterio. Es un caleidoscopio de un Madrid fascinante y peligroso, un lugar donde conviven el glamour y la miseria, el arte y la superstición, la razón y la locura. La combinación de personajes sólidos, una trama absorbente y una ambientación exquisita la convierte en una obra que atrapará tanto a quienes busquen un buen thriller como a quienes disfruten de la novela histórica con crítica social.
