El cadáver de un hombre asesinado salvajemente, parece a dentelladas, es encontrado en la localidad orensana de Verín. El inspector Mateo Romano se hace cargo de una investigación que no le va a dar respiro, aún menos, cuando nuevos cadáveres van apareciendo. El eco de la figura de Romasanta , el lobo de Alluriz, primer asesino en serie en España no tarda en ser relacionada con los hechos. La aparición de un nuevo lobo asesino comienza a sobrecoger a las gentes del lugar.
El hambre mata, lo primero los sentimientos y eso produce dolor y la consiguiente necesidad de terminar con él. Historia de pobreza y miseria y de un pasado arrastrado del que no se puede escapar. Pedro ha escrito un relato triste, pero muy humano.
Rebordechao, 2003. Una bruma espesa cubre esta aldea gallega donde aún resuena el eco de los crímenes que cometió Romasanta dos siglos atrás. Este monstruoso psicópata fue el primer asesino en serie de nuestra historia, y su nombre se convirtió en leyenda. Los niños del lugar lo siguen temiendo. Todos, menos Manel.
Verín, en el presente. Cuando aparece el cadáver de un modisto asesinado salvajemente a dentelladas, el inspector Mateo Romano ni siquiera puede sospechar que ese solo es el primero de una atroz sucesión de crímenes. La investigación los conducirá hasta las entrañas del valle y deberán apresurarse a dar caza a esa temible fiera antes de que devore a más víctimas.
La primera toma de contacto entre el inspector Mateo Romano, la subinspectora Ana Santos y el sargento de la Guardia Civil Carlos Lueiro es magistral. Pedro, que se siente como en su casa, sorprende con una narración muy cercana. Conocedor de la tierra porque es la suya, del ambiente, de la vida en los pueblos y aldeas más apartadas, de sus gentes, consigue atraernos con una escritura acorde a todo ello.
Alegre, suelta, discurre nerviosa, suspendida en un climax cada vez más inquietante. El autor parece dialogar con los protagonistas, está en la mente de todos ellos, nos transmite sus pensamientos. Tiene un contacto con ellos muy cercano y éstos con nosotros. Escribe con confianza. La novela está narrada en primera persona por el inspector Romano, encargado del caso, al que el autor quita la palabra cuando lo cree oportuno, para devolvérsela cuando, igualmente, le parece.
