Madrid, 1800. Un Bonaparte, una marquesa. Diplomacia, intriga, guerra y arte. Un amor que escandalizó a una corte entera.
Cuando Luciano Bonaparte, hermano de Napoleón, llega a Madrid como embajador ante Carlos IV en diciembre de 1800, ni la corte española ni él mismo imaginan que esa misión diplomática se convertirá en un campo de batalla político y emocional. Mientras, para cumplir los planes de Napoleón —controlar la política española y preparar la guerra—, maniobra entre el espionaje, la corrupción y las ambiciones de Godoy, Luciano conoce a la marquesa de Santa Cruz, Mariana de Waldstein, una mujer brillante y enigmática que lo introduce en el mundo del arte y el coleccionismo junto a Goya. Atrapada en un matrimonio sin pasión, arriesgará su posición por un amor que desafía los códigos sociales y los intereses de Estado.
La marquesa y Bonaparte es la historia de un hombre que debía cambiar el rumbo de Europa y de una mujer que cambió el rumbo de su vida.
La novela se sitúa en diciembre de 1800, con la llegada de Luciano Bonaparte a Madrid como embajador. Su presencia actúa como una grieta en el Antiguo Régimen. En ese escenario inestable, Mariana emerge como una figura libre en un mundo que no admite la libertad femenina. Entre salones, palacios y tertulias donde la política se desliza entre abanicos y silencios, se desarrolla una intensa historia de política, diplomacia, intriga, espionaje, corrupción, guerra, arte… y amor, tan peligrosa como consciente, entre dos personajes que pertenecen y no pertenecen, que encajan mal en sus respectivos sistemas.
Pero La marquesa y Bonaparte no es solo una historia de amor. Es una novela sobre el poder y sus máscaras, sobre la corrupción elegante y sobre el arte entendido como botín y como lenguaje de dominio. El coleccionismo, los gabinetes secretos y la tensión entre belleza y moral ocupan un lugar central, junto a un Madrid que actúa como un personaje más: brillante y decadente, ilustrado y atrasado.

