viernes, 2 de octubre de 2026

MUJER EN PAPEL

Publicado por Lucky en 17:00 0 comentarios

La mañana del 6 de diciembre de 1993, Rita Macedo visitó a su hijo Luis de Llano en su oficina, le dijo que estaba ahí para despedirse. Horas más tarde se quitó la vida. Dejó escritas sus memorias las cuales no concluyó. Veinte años después, a fuerza de superar el golpe, su hija, Cecilia Fuentes Macedo, se dio a la tarea de ordenarlos y editarlos.

Estas memorias seguramente causarán un revuelo, pues no solo retratan a una mujer sin veladuras que llegó a los sets de extraordinarios cineastas de la Época de Oro nacional como Luis Buñuel, José Luis Ibáñez, sino que narran anécdotas de su convivencia con figuras icónicas de los círculos artístico e intelectual de su tiempo, a la vez que revelan a la Rita que por momentos se llenaba de melancolía y cuyas circunstancias la orillaron a vivir en solitario todos los triunfos y fracasos en su vida personal.

Su paso por diversos internados, la ausencia de su padre y una compleja vida marital, desde sus primeras nupcias, con el productor Luis de Llano, con quien tuvo a sus hijos Luis de LLano Macedo y la exitosa actriz y cantante, Julissa, hasta su intensa relación con el escritor Carlos Fuentes, padre de su tercera hija, Cecilia. 

Por primera vez se públican cartas y entrañables dibujos que Fuentes enviaba a su hija desde el punto del planeta donde se encontrara. 

Esta historia es sobre la mujer: hija, madre, actriz, amante, el ser humano atormentado que luchó contra ella misma y sus demonios sueltos ... algunos le trascendieron y han impactado a sus hijas, su hijo; otros pululan en su irregular legado cinematográfico. Pero uno de esos demonios salió del clóset en forma de cartas que su hija Cecilia retoma para escribir este libro. 

Encontré una buena historia, muy humana, sobre una mexicana que se desdibujó a sí misma tratando de trazarse una vida donde los refuerzos negativos pudieron mucho más que todos sus talentos juntos y sus enormes ganas de ser mejor, a pesar de todo. Gracias a la autora hoy conozco algo de Rita Macedo.

El libro va más allá del mero relato en primera persona para convertirse en una autobiografía a cuatro manos, donde se nota un minucioso trabajo de la autora para nutrir el volumen con sus puntos de vista, recuerdos, fechas, mejoras al estilo, fotografías y carteles de películas y obras de teatro. No así con las cartas que Carlos Fuentes, padre de Cecilia, le escribió a su entonces esposa Rita Macedo, porque le fueron negadas para su publicación; entonces, quedaron plasmadas en papel a partir de un valiente ejercicio de imaginación para narrarlas en voz de su madre.

El volumen es también un viaje por algunos pasajes de la historia pero sobre todo del anecdotario del mundo cinematográfico y literario en años clave como las décadas del 50 y 60 del siglo pasado, donde Rita vivió sucesos que no dejan de tener cierta dosis de surrealismo, como la pelea de Luis Buñuel con un desconocido en las calles de París, la vez que estuvo a punto de compartir el ferri que llevaría a los Rolling Stones al Festival de Cine de Venecia, y hasta una fiesta con Jim Morrison, de la que -desafortunadamente- no se cuenta mucho.

Por estas páginas, nos enteramos de la soledad que vivió en los orfanatos de su niñez, abandono que al parecer la marcó de por vida. Asistimos a un paso muy amargo en un Hollywood casi subterráneo y perverso, que quizás no estaba tan alejado de lo que ocurría detrás de los sets en México. Nos deleitamos también con su gusto por la (alta) costura, que cultivó desde muy joven como aprendiz en talleres de ese oficio en el centro de la ciudad, lo que la llevó a confeccionar sus propios vestidos, a crear una empresa y hasta vivir un episodio más bien incómodo con María Félix.

A esto se suma un sinfín de anécdotas con directores y actores durante rodajes, como el mencionado Buñuel -con quien filmó Nazarín, donde tuvo el que consideró su mejor papel-, Pedro Armendáriz, o Julio Bracho, el director que “sacó lo mejor y lo peor” de ella. También su pasión por el teatro, que la hizo comprar los derechos y adaptar obras de autores como Jean Genet para traerlas a los escenarios de México.

La presencia de Carlos Fuentes, el gran amor en la vida de Rita Macedo, “el chico de los lentes” a quien conoció al terminar una obra de teatro protagonizada por ella, es como un fantasma que recorre gran parte de los capítulos de sus memorias. Se le presenta con un compromiso irrenunciable con las letras y con los ideales de izquierda que abrazó en su juventud, y con mucha energía para cambiar constantemente de residencia en los dos lados del Atlántico. A veces ocurrente, hipocondriaco y hasta soberbio, pero con arrebatos de ternura como los dibujos que hacía a Rita y Cecilia.

La relación con el autor de “La región más transparente” inició de forma casi idílica, entre noches de libros, amor y Vivaldi, y fueron años en donde incluso él llegó a corregir pasajes y diálogos de sus libros a sugerencia de ella. Sin embargo, todo terminó cuando el escritor se marchó con “la princesa que llegó para quedarse”. Es posible que al visitar ese rincón dentro de sus recuerdos, Rita fuera absorbida por un gran sentimiento de soledad del que ya no pudo salir.

“Mujer en papel” es un relato muy personal que tiene mucho de declaratoria: lo mueve el afán de contar una verdad que había estado guardada en el cajón durante casi tres décadas, abriéndose paso ante la negativa y los obstáculos. Hoy resuena, en casi 400 páginas donde no faltan el humor negro y el tono de confesión, como el testimonio de una mujer a la que le tocó una época que fue como un torbellino, que supo vivir con pasión y arrojo, y cuyas memorias se han inmortalizado en una tinta que ya no se podrá borrar.  

UN HALCÓN BAJO MI VENTANA

Publicado por Lucky en 17:00 0 comentarios

Lydia Cacho nos sorprende con una novela conmovedora y poderosa por partes iguales, un homenaje a la voz de las niñas y de todas aquellas mujeres que abrieron camino en la lucha por un mundo más justo desde la ternura revolucionaria.

Julieta es una chica de catorce años que busca el sentido de su vida en el México de los años sesenta, entre el rock y los movimientos feministas, la revolución sexual y la rebelión estudiantil frente a la dictadura del pri. Clara, su madre, es una carismática psicóloga que lucha por los derechos de las mujeres, hija de exiliados españoles sobrevivientes de la persecución antirrepublicana de la dictadura franquista. Su padre, Fernando, es un buen hombre, heredero de una estirpe de poderosos militares, que vive en un constante enfrentamiento entre el amor hacia su esposa e hija rebeldes, y el cuestionamiento de su familia conservadora. Todo cambia cuando Julieta acompaña a su madre a las marchas del 2 de octubre de 1968 y a la que culmina el 10 de octubre de 1971, conocida como el Halconazo.

La protagonista se convierte en testigo de las reuniones clandestinas de valientes luchadoras sociales de Latinoamérica que no solamente se enfrentan a un sistema opresor, racista y antidemocrático, sino también a las estructuras machistas de los movimientos estudiantiles y de izquierda a los que pertenecen.

A lo largo de estas páginas, acompañamos a Julieta en el viaje íntimo de una década de revelaciones en que descubre el poder del amor, el sexo, la identidad, la muerte y el poder político de la rebeldía y la amistad.

No todas las novelas históricas quieren contarte lo que pasó. Algunas van un poco más allá: te obligan a mirar el pasado desde dentro, casi como si lo estuvieras viviendo en tiempo real. Esta es la sensación que deja Un halcón bajo mi ventana, una historia donde lo íntimo y lo político se cruzan sin pedir permiso.

Lydia Cacho sitúa la novela en el México de finales de los años 60 y principios de los 70, en un momento donde la juventud no solo buscaba su identidad, sino también un país distinto. En ese escenario seguimos a Julieta, una adolescente que observa cómo el mundo adulto se rompe entre ideales, represión, militancia y contradicciones familiares.

Pero reducir esta novela a la historia de una chica sería quedarse muy corto.

Aquí lo importante no es solo lo que le ocurre a Julieta, sino lo que presencia. Las marchas estudiantiles, la tensión política, el miedo que se cuela en la vida cotidiana, y esa sensación constante de estar viviendo un momento en el que todo puede cambiar… o romperse del todo.

Uno de los elementos más potentes del libro es precisamente su mirada: la de una joven que va creciendo mientras entiende que la realidad no es neutra, que la historia también se impone sobre los cuerpos y sobre las familias. Y en ese proceso hay algo muy reconocible: la pérdida de la inocencia no como evento, sino como acumulación.

La novela también se apoya mucho en la figura de la madre de Julieta, Clara, una mujer vinculada a la psicología y al activismo por los derechos de las mujeres. Su presencia no es decorativa: es casi el eje moral y emocional de la historia, alguien que representa esa generación que ya no quiere callar, aunque eso tenga consecuencias.

El padre, en cambio, introduce el conflicto interno: lealtades divididas, ideología, estructura familiar y un amor que se tensiona constantemente con el entorno político. Y ahí la novela gana una de sus capas más interesantes: la de lo íntimo atravesado por lo histórico.

Porque este no es solo un libro sobre política. Es un libro sobre cómo la política entra en casa sin pedir permiso.

Cacho escribe con una intención muy clara: rescatar la memoria de las mujeres y de las voces que históricamente quedaron al margen de los relatos oficiales. Y eso se nota en el tono. Hay una voluntad de testimonio, pero también de reconstrucción emocional, donde la ternura no es ingenuidad, sino una forma de resistencia.

En lo narrativo, la novela combina el crecimiento personal con el contexto histórico de manera bastante orgánica. No todo es perfecto —hay momentos donde el peso del contexto puede sentirse más denso que la propia trama—, pero incluso eso encaja con lo que la novela quiere transmitir: que vivir en épocas de convulsión también implica que la historia te arrastre.

Lo más potente, sin embargo, no es el acontecimiento, sino la sensación que deja: la de estar leyendo una historia que no quiere ser solo contada, sino recordada.

Y eso cambia todo.

No es una novela ligera. No busca serlo. Pero sí es una lectura que deja eco, especialmente si te interesan las historias donde lo personal y lo político no se separan nunca del todo.

Un halcón bajo mi ventana es, en el fondo, una novela sobre crecer en medio del ruido de la historia. Y sobre lo difícil que es aprender a mirar el mundo sin perder la capacidad de sentirlo.

 

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