La señora Wagner, viuda de un comerciante, está decidida a proseguir los planes de reforma de su difunto marido: la incorporación de las mujeres al trabajo y la reeducación de «los pobres mártires del manicomio» apelando a «su dignidad».
Con este propósito, y acompañada por el «loco» Jack Straw, orgulloso pero leal, viaja a Fráncfort, donde la empresa tiene una filial. Allí su socio, el señor Keller, tiene sus propios problemas: su hijo Fritz insiste contra su voluntad en casarse con Minna, hija de madame Fontaine, una viuda cargada de deudas y de dudosa reputación, pero empeñada, a toda costa, en asegurar la felicidad de su hija.
Un médico francés consigue, en una universidad alemana, recuperar la fórmula de dos de los famosos venenos empleados por los Borgia.
Tras su extraña muerte, las fórmulas de los venenos y varios frascos que los contienen desaparecen de su laboratorio.
Ese es el punto de arranque de La hija de Jezabel, una novela de trama trepidante poblada de personajes inolvidables, como Madame Fontaine, quien, al igual que la Jezabel bíblica, está dispuesta a todo con tal de conseguir sus propósitos; Jack Straw, nombre de uno de los líderes de las revueltas campesinas de 1380, es el apodo por el que es conocido un loco cuya lucidez a veces resulta sorprendente; la dinámica viuda Wagner, cuyo carácter tenaz la lleva a abanderar a contracorriente la incorporación de la mujer a la empresa en pleno siglo XIX; el sensible e ingenuo señor Engelman, enamoradizo y romántico; la delicada Minna; el severo señor Keller.
Y todo ello en un marco de crímenes sin resolver, crímenes que no siempre lo parecen y en los que los muertos no siempre lo están.
Tras su extraña muerte, las fórmulas de los venenos y varios frascos que los contienen desaparecen de su laboratorio.
Ese es el punto de arranque de La hija de Jezabel, una novela de trama trepidante poblada de personajes inolvidables, como Madame Fontaine, quien, al igual que la Jezabel bíblica, está dispuesta a todo con tal de conseguir sus propósitos; Jack Straw, nombre de uno de los líderes de las revueltas campesinas de 1380, es el apodo por el que es conocido un loco cuya lucidez a veces resulta sorprendente; la dinámica viuda Wagner, cuyo carácter tenaz la lleva a abanderar a contracorriente la incorporación de la mujer a la empresa en pleno siglo XIX; el sensible e ingenuo señor Engelman, enamoradizo y romántico; la delicada Minna; el severo señor Keller.
Y todo ello en un marco de crímenes sin resolver, crímenes que no siempre lo parecen y en los que los muertos no siempre lo están.

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