lunes, 5 de agosto de 2019

TELEVISA: EL QUINTO PODER

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Alguna vez el difunto periodista Manuel Buendía definió a Televisa como el quinto poder antes de ser asesinado el 30 de mayo de 1984 y seguramente no se equivocaba, pues ante la desatención del Estado a los medios de comunicación, el consorcio había experimentado un gran crecimiento en todos aspectos: sin controles jurídicos suficientes, el grupo televisivo se convertía en un auténtico poder político. 

Uno año después, en junio de 1985 Raúl Trejo Delarbre como coordinador de los ensayos de otros 9 colaboradores editaron el libro que lleva el mismo nombre. 

Este libro reconstruye una definición de los poderes fácticos, entendiendo estos como los que se ejercen al margen del aparato del Estado y se sirve de su autoridad informal para influir políticamente utilizando como clave de su ejercicio su capacidad de crear una realidad a través de la percepción generada en sus medios de divulgación y la gran penetración que le aporta su monopolio.

CHOCOLATE EN TIEMPOS DE GUERRA

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Adella Kinderman, una joven chocolatera suiza de origen judío, emprende la aventura de su vida al desafiar a las normas alemanas para trabajar en una pequeña chocolatería que irá adquiriendo prestigio gracias a su don culinario.

Dicha fama atraerá la atención de numerosos amantes del chocolate, entre ellos, Friedrich Kießling, un oficial de las SS que no dudará en interesarse en ella desconociendo su verdadera identidad.

Pasa el tiempo, avanza la guerra y florece la relación entre el oficial y la chocolatera. Sin embargo, una serie de bélicos sucesos complicará sus vidas y la confesión de Adella desencadenará una auténtica lucha por destruir los prejuicios, el reconocimiento de la valía de las personas y la búsqueda de la libertad.

Mediante el chocolate, lazo de unión entre Friedrich y Adella, ambos jóvenes se encararán con los tiempos de guerra a fin de mostrar que no hay distinciones.

Ella no es judía, es mujer.

Él no es nazi, es hombre

domingo, 4 de agosto de 2019

EN BUSCA DE MARY SHELLEY: LA JOVEN QUE ESCRIBIÓ FRANKENSTEIN

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La biografía propone al monstruo perdido en el frío Ártico como el sueño olvidado de los alquimistas. La estampa de aquel hombre llegado a la vida en un laboratorio es la metáfora mejor construida del desamparo existencial de la humanidad percibido por la filosofía del siglo que termina con Friedrich Nietzsche decretando la muerte de Dios. “Su novela es una exploración de las consecuencias de ser un monstruo, y no se trata de de una comedia sino de una tragedia”.

Describe a Shelley como una mujer y una escritora avanzada en su tiempo. Su libro antecede, por años, al canon de la novela europeo, entre los que figuran nombres de su compatriotas Jane Austen y Charles Dickens, los franceses Gustave Flaubert y George Sand (seudónimo de Aurore Dupin), además de los rusos Leon Tolstoi y Fiódor Dostoievski. Porque los estudiosos consideran transicionales a las obras de finales del siglo XVIII y de principios del XIX, “los primeros pasos hacia la invención de de una forma que lo sería de pleno derecho solo cuando aumentara su tamaño”, según explica Sampson, como abreboca para un recorrido intelectual por la formación literaria de Shelley.

El problema de la biografía es que, si bien la académica comprende y transmite bien la trascendencia literaria de Frankenstein, cuando se propone acercar a la Shelley escritora tanto como mujer a nosotros, “vislumbrar la textura ideal de su existencia” y responder a la pregunta sobre cómo era ella para sí misma, se queda en las intenciones. En este sentido, es problemática la narración que hace de su relación con el poeta Percy B. Shelley, el hombre con quien escapó de su casa, primero, y, años después, desposó. 

Enumera algunas de sus indiscreciones financieras, consecuencia de su arrogancia de niño rico, las cuales Mary debió subsanar con el criterio de una buena administradora. Incluye su entusiasmo por ciertas mujeres más jóvenes que ella e infidelidades que la esposa escogió ignorar. Lo más insólito es el recuento de la relación de una década que tuvo Percy con la hermanastra de Mary, Claire (Jane) Clairmont. Ella era una poeta de menor categoría y madre de una hija de Lord Byron, Allegra; además vivía con la joven pareja.

¿Qué pensaba Mary de los comportamientos de su esposo? Y, más importante aún: ¿cómo estos configuraron la imagen que ella tuvo de sí misma? Sampson prefiere citar las cartas de Mary, una tras otra, y mostrar su comportamiento de esposa ejemplar, de mujer abnegada que, a pesar de las indignidades seguía escribiendo y pariendo hijos de su esposo —seis, todos murieron menos uno—. Apenas hace alusión a un flirteo inofensivo con el el doctor John William Polidori médico de Lord Byron durante la célebre noche en Villa Diodati donde Mary alumbró la idea de Frankenstein. Y otro, años después, con el amigo de Percy, Thomas Jefferson Hogg, con quien por cierto su esposo le recomendó acostarse, a pesar de su avanzado estado de gravidez. 

Me resulta inverosímil que una lectora y una mujer con un espíritu crítico como el de Mary, la hija digna del filósofo político William Godwin, no enfrentara el asunto con más fuerza y se limitara a solo ser una mujer enamorada, bien casada una vez que la primera esposa de Percy tuvo el buen gusto de suicidarse.

¿Y qué tenía este hombre que le hacía creer que podía jugar con la vida de las mujeres que lo rodearon?

Si me preguntan a mí: en vida fue uno de esos nadie rico o conocido por su apellido y por vivir a la sombra de su amigo el famoso poeta libertino Lord Byron. Y si hoy ocupamos tanta tinta en volver a él es porque después de su muerte —sobrevenida por antojarse de atravesar una tormenta con su barco “Don Juan”, apurado por llegar a su destino quién sabe por qué— se debe al interés que despertó su Obra completa reunida y editada por la autora del ya entonces célebre libro Frankenstein. Por eso es que el grueso de los fanáticos de su obra apareció una generación después que los de Lord Byron. 

No puedo sino pensar que Percy B. Shelley fue también un personaje creado en la cabeza de Mary y me hubiera gustado que Sampson se hubiera ocupado de su relación con ese otro monstruo con las misma profundidad que dedicó a la creatura del doctor Frankenstein. ¿Si el monstruo perdido en el frío Ártico era el sueño olvidado de los alquimistas, qué tipo de monstruo fue el marido que obstaculizó, a fuerza de mortificarla, su desarrollo como escritora?

Mary Shelley fue una pionera en su campo, pero el precio que hubo de pagar fue extraordinario.

LA BIBLIOTECA EN LLAMAS

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En 1986 tuvo lugar el mayor incendio de un edificio público en Estados Unidos. Nunca nos enteramos.

La historia de cualquier incendio es la historia de un olvido, por eso casi nadie recuerda lo que ocurrió el 29 de abril de 1986. Aquel día la Biblioteca Pública de Los Ángeles amaneció consumida por el fuego, cuatrocientos mil libros se convirtieron en cenizas y otros setecientos mil quedaron irremediablemente dañados. Siete horas ardieron las estanterías y las mesas y los ficheros, pero ningún periódico cubrió la noticia porque al otro lado del mundo, entre los bosques densos de la Unión Soviética, ocurría el mayor accidente nuclear hasta la fecha: Chernóbil.


¿Quién querría quemar una biblioteca? ¿Por qué? Susan Orlean se hizo esas dos preguntas y al poco tiempo entendió que el fuego sería apenas un rastro, una línea punteada sobre la que dibujar su personalísima visión del conocimiento y de las personas que creen en él. 

La biblioteca en llamas es un homenaje a la lectura y el relato de una periodista obsesionada por encontrar al culpable de un crimen contra la memoria. Una investigación que se extendió más de una década y que a cambio nos revela personajes desopilantes, inverosímiles y tiernos.

MARY SHELLEY. SU VIDA, SU FICCIÓN, SUS MONSTRUOS

Publicado por Lucky en 11:24 0 comentarios
La crítica ha relegado el valor literario de Mary Shelley durante muchos años al dejar su obra y su talento a la sombra de los de su esposo, Percy Bysshe Shelley, considerado como uno de los grandes poetas de las letras inglesas. 

El único título valorado por la crítica ha sido Frankenstein, pero con excepciones que incluso han llegado a poner en duda su autoría en favor de su cónyuge. Asimismo, apenas se ha prestado atención al resto de su producción, lo que ha conducido a que Mary Shelley haya sido excluida del panteón de los grandes escritores. 

Sin embargo, la fama mundial de Frankenstein no puede ser una casualidad. Anne K. Mellor contribuye con esta biografía a revisar y poner en valor la vida, las inquietudes y toda la labor literaria de una mujer sorprendente; una mujer brillante, cuyo puesto en las letras universales ha de ser merecidamente reivindicado.

EL PASAJERO

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La tremenda y dramática peripecia de la corta vida de este autor, Ulrich Alexander Boschwitz (1915-1942), ya merecería una reseña. Lamentablemente no fue inusual, en aquel tiempo desquiciado, que tu padre (judío) hubiese luchado y entregado su vida por Alemania en la Primera Guerra Mundial y que el destino cambiara de tal forma que, sólo unos pocos años después, cayeras en desgracia y pasaras a ser un apestado. De poco le sirvió al hijo/autor, en tiempos de Hitler, pertenecer a la alta burguesía y tener una madre “aria” y protestante. Las leyes raciales de Núremberg empujan al exilio a Boschwitz hacia Suecia, Noruega, Francia, Luxemburgo, Bélgica e Inglaterra, donde las leyes británicas lo consideraban “extranjero enemigo”, y, por tanto, encarcelable y deportable (primero a la Isla de Man y después a Australia, al campo de internamiento de Hay). Tras muchas penalidades, cuando por fin quedó en libertad en 1942, el barco en el que viajaba fue torpedeado por un submarino alemán al noroeste de las Azores. Pereció con 27 años junto a otros trescientos sesenta y un pasajeros.

Aterra pensar que quien narra la historia de este judío despojado de su estatus la estaba viviendo y padeciendo en persona.

Ochenta años después de ser escrita en el preciso momento en que todo estaba sucediendo –Noche de los Cristales Rotos, persecuciones de judíos…- se ha recuperado en Alemania esta obra gracias a una sobrina del autor y a las pesquisas del editor Peter Graf (el libro incluye un interesante posfacio suyo donde, entre otras cosas, se nos cuenta que tal vez se trate del primer documento literario sobre aquellas atrocidades). Boschwitz había publicado la novela en su día con seudónimo, lógicamente no en su país, sino en Estados Unidos, Inglaterra y Francia. El texto original mecanografiado había dormido un sueño de décadas en el Archivo del Exilio en Fráncfort, en la Biblioteca Nacional. Como suele ocurrir con estas cosas, pasó de la oscuridad absoluta a la gran luz de las superventas y los fenómenos editoriales del año en Alemania.

El pasajero cuenta la historia de Otto Silbermann, rico empresario judío berlinés, de esposa aria, que, de la noche a la mañana, queda despojado de su estatus y de todos sus derechos, debiendo iniciar una trepidante huida de tren en tren por la Alemania de 1938. Aterra pensar que quien narra la historia lo estaba viviendo y padeciendo en persona. Asombra la viveza, la detallada atmósfera de pesadilla real, el testimonio vivo, el ritmo, el lenguaje veloz, trasladado a la perfección al castellano por un traductor tan brillante como José Aníbal Campos.

Queda aquí retratada la sociedad alemana del momento y su terrible aceptación de que el horror era sólo signo de los tiempos: que esta vez a los judíos simplemente les tocaba perder, tener mala suerte. Figuras “arias” como el comprador de la vivienda (Findler) o el antiguo socio de Silbermann (Becker), o los viejos conocidos que ahora le dan la espalda, representan a ese ciudadano capaz de aprovecharse de la situación, que, sin ser un criminal, permite a los verdugos ejecutar impunemente su tarea.

Silbermann trata de mantener aún su dignidad, pensar que no puede ser todo tan grave, que aún quedarán leyes y hombres justos y decentes en el Estado. Quiere creer aún en el prójimo a poco que encuentra algo de amabilidad entre sus conciudadanos. Pero ya no hay pensiones ni hoteles donde hospedarse sin temor a ser denunciado. Cuando empiezan las persecuciones y los arrestos masivos, a Silbermann sólo le queda el perpetuo movimiento, recorrer el país de arriba abajo con su maletín de dinero, al ritmo de sus cavilaciones, tratando de preservar la cordura y de atravesar la frontera. Sólo unos días antes era dueño de una compañía de éxito en la que ahora ni siquiera puede entrar. Difícil asimilar en unas pocas horas que has dejado de ser alemán, e incluso un ser humano, a los ojos de tus compatriotas. Su indudable aspecto ario y su aire de empresario adinerado no son suficiente salvaguarda cuando uno se apellida Silbermann y lleva en su pasaporte una enorme jota roja.

Muy interesante ese proceso de culpabilizarse por no haber sido capaz de escapar antes o haber anticipado los acontecimientos. También el reconocimiento de que, bajo presión, hasta las víctimas pueden volverse inhumanas e insolidarias con sus compañeros de fortuna.

LOS DOS VIAJES DE EVITA

Publicado por Lucky en 10:53 0 comentarios
En la visita oficial realizada en 1947, Eva María Duarte, Evita Perón, llegó en olor de multitudes a una España de Franco que le agasajó con honores de auténtica jefa de Estado, en virtud de la buena relación que tenían por entonces el dictador español Francisco Franco y el general Perón, como máximo dirigente de Argentina. En el libro se cuentan los preparativos del viaje y cómo incluso Evita realizó cambios en la agenda que Franco le tenía preparada para poder visitar barrios pobres, que es lo que ella más anhelaba. Esta producción literaria relata esta experiencia y el posterior ‘regreso’ a España de una Evita ya sin vida y metida en un ataúd.

Esta novela histórica cuenta dónde estuvo el cuerpo embalsamado de Evita Perón durante dos décadas, un cadáver sobre el que los militares argentinos debatieron qué hacer tras el golpe de estado efectuado contra Juan Domingo Perón, ya que tenían el objetivo de que no se quedase en un punto neurálgico de Argentina y evitar así que se convirtiese en un lugar de peregrinaje para adeptos peronistas.

La obra de Ángeles Blanco está muy bien documentada y se ajusta bastante a la realidad, ya que hubo bastante labor de documentación por parte de la autora, incluso con conversaciones tomadas de las biografías de algunos de los protagonistas del libro. 

Cuando te metes de lleno en su vida y su muerte, te das cuenta de que no hay película que supere eso, ha afirmado sobre la figura de Evita, gran emblema del peronismo.

La argentina Eva María Duarte nació en 1919 en el seno de una modestísima familia y muy joven emigró desde su población natal, Junín, hasta la capital de Buenos Aires cuando solo contaba con 15 años. En la ciudad bonaerense se dedicó a la interpretación y llegó a tener cierto renombre en el panorama teatral, cinematográfico y radiofónico. En 1944 conoció a Juan Domingo Perón, por aquel entonces secretario de Trabajo, y se casó con él al año siguiente. En 1946 participó activamente en la campaña electoral que aupó a su marido a la Presidencia de Argentina.

Activa luchadora de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, logrando la igualdad en el sufragio y jurídica entre ciudadanos de ambos sexos, Evita fundó el Partido Peronista Femenino, el cual presidió hasta su muerte. También realizó una amplia labor social a través de la Fundación Eva Perón, centrada en los más necesitados, para los que hizo hospitales, asilos y escuelas.

Además, llevó un papel activo en el mundo laboral y se constituyó en un nexo directo entre el presidente Perón y los sindicatos, de cara a intentar mejorar las condiciones laborales de los trabajadores. Finalmente, acabó sus días en 1952 tras un cáncer de útero que pudo con ella, cuando solamente contaba con 33 años.
 

CRONICA DE UNA AMANTE DE LOS LIBROS Template by Ipietoon Blogger Template | Gift Idea