martes, 2 de junio de 2020

LA CORONA PARTIDA

Publicado por Lucky en 17:45 0 comentarios
La reina de Castilla termina su periplo vital en la tierra con tristeza en su alma. Sus reinos, aquellos por los que tanto ha luchado, deberán ser gobernados por su hija Juana, la heredera legítima. Una joven cuya supuesta inestabilidad mental pone en peligro el futuro de la dinastía. Juana está atrapada en un matrimonio obsesivo en las lejanas tierras de los Habsburgo, mientras Castilla se sume en uno de sus periodos más peligrosos, y apasionantes, de su historia. 

La corona partida recoge una de las etapas más convulsas y determinantes, pero también menos conocida, de la historia de España. Cuando Isabel de Castilla fallece el 26 de noviembre de 1504, sus reinos se encuentran en la cuerda floja. La heredera, su hija Juana, parece demostrar pocas cualidades para suceder a su madre. 

Sometida a la obsesión por su marido, Felipe de Habsburgo, quien, a su vez, pretende utilizarla para conseguir reinar en los extensos dominios de su esposa, Juana no parece dispuesta a tomar las riendas del poder. Mientras tanto, en Castilla, su padre, Fernando, junto al cardenal Cisneros, intentan encontrar la fórmula adecuada para mantener una estabilidad política que se resquebraja por momentos. 

Nadie quiere volver a vivir la turbulenta época  de la contienda civil en la que se sumió Castilla tras la muerte de Juan II y la llegada al poder de su hijo y hermanastro de Isabel, Enrique IV. 

La novela nos presenta a una Juana que sufre por la situación tan complicada en la que se encuentra, tanto en sus relaciones personales como en la esfera pública, en la que tiene que demostrar que está a la altura para convertirse en reina de Castilla. A lo largo de sus páginas, descubrimos a una mujer que, si terminó enloqueciendo, fue por las presiones a las que se vio sometida por aquellos que querían hacerse con su corona, una corona que corre el peligro de romperse. 

Muy bien documentada y ambientada, La corona partida intenta exponer los entresijos políticos, las tramas para alcanzar el poder y las complicadas luchas dinásticas de una época que podríamos definir como el epílogo de un tiempo glorioso, el del reinado de los Reyes Católicos, o la antesala de lo que terminaría siendo el Imperio Español, abanderado por el hijo de Juana, el futuro emperador Carlos V. 

Una historia que intenta alejarse de los mitos que rodearon a la demencia de Juana, intentando presentarnos a una mujer plagada de temores que tuvo que enfrentarse a un difícil destino.

LA HOGUERA DE LOS INOCENTES

Publicado por Lucky en 17:42 0 comentarios
la hoguera de los inocentes
La ordalía o «juicio de Dios» era un procedimiento judicial surgido en la Europa del medievo, según el cual, en caso de denuncia (por herejía, adulterio o robo), era el acusado quien tenía que demostrar su inocencia. 


Las pruebas a que para ello era sometido variaban: agarrar un hierro candente con las manos y resistir sin quemaduras, ser arrojado al agua con las manos atadas y no ahogarse, o resultar vencedor en un torneo. 

El autor explora los prejuicios morales, culturales y antropológicos que se esconden tras esta aberración jurídica y los mecanismos con los que el Poder señala y convierte en enemigos a determinados grupos (judíos, negros, mujeres).

Ordalía es un término medieval, se denominaba así a los procedimientos judiciales en los que el acusado tenía que demostrar su inocencia. Del estilo: te ato de pies y manos y te tiro al mar; si no viene Dios a salvarte y mueres ahogado es porque eres culpable. Nunca se cuestionaba la sentencia (supuestamente) divina, ni siquiera cuando las pruebas o la misma lógica la rebatían. Era aterrador. 

Podemos pensar que esas atrocidades pasaron a la historia, pero en 2017, en Nicaragua, Vilma Trujillo fue quemada en la hoguera, para liberarla del demonio. Aunque sea un caso aislado, eso no quita que la ordalía sigue vigente —e incluso revitalizada— en la actualidad, porque los seres humanos todavía nos dejamos llevar por miedos y prejuicios cuando acusamos —y sentenciamos— a otros por lo que son y no por lo que hacen.

Eugenio Fuentes nos habla sobre cómo se ha ido transformando la ordalía a lo largo de los siglos y, de este modo, no solo vemos cómo ha cambiado el procedimiento jurídico, sino también el contexto social y religioso en que se produce. Con todos estos elementos, este ensayo ya me hubiera encantado, pero es que encima incluye otro de mis temas favoritos: la literatura. Y es que Eugenio Fuentes profundiza en la (ausencia de) ética de las ordalías a través de la estética de las obras literarias que la han representado. No podía ser de otra forma, ya que el autor admite que el germen de este ensayo fue la novela El proceso, de Kafka.

El repertorio de obras mencionadas es largo: Ivanhoe, de Walter Scott, para confirmarnos que la ordalía se percibía como algo normal en la época medieval; El hereje, de Miguel Delibes, Castellio contra Calvino, de Stefan Zweig, y Nathan el Sabio, de Gotthold Ephraim Lessing, para profundizar en las diversas formas de la ordalía religiosa; el terrorífico libro Malleus maleficarum, de Heinrich Kramer y Jakob Sprenger, que incentivó la caza de brujas, junto a La bruja, de Michelet, y Las brujas de Salem, de Arthur Miller, para analizar las consecuencias de estas persecuciones; Intruso en el polvo, de Willian Faulkner, Matar a un ruiseñor, de Harper Lee, Blues de la calle Beale, de James Baldwin y En busca de Bisco, de Erskine Caldwell, para ejemplificar los casos de ordalía racial; Huracán en Jamaica, de Richard Hughes, Expiación, de Ian McEwan y La calumnia, de Lillian Hellman, para mostrarnos como la presunción de veracidad a la infancia también es un tipo de ordalía; Historia de la columna infame, de Alessandro Manzoni y De los delitos y las penas, de Cesare Beccaria, para reflexionar sobre el sinsentido de la tortura como método de confesión; Las «aventuras» de Caleb Williams, de William Godwin y El lugar de un hombre, de Ramón J. Sender, para examinar la ordalía social; El Palacio de los Sueños, de Ismaíl Kadaré, para adentrarse en las ordalías totalitarias que dominaron el siglo XX; Vindicación de los derechos de la mujer, de Mary Wollstonecraft, La letra escarlata, de Nathaniel Hawthorne, El cuento de la criada, de Margaret Atwood y Billy Budd, marinero, de Herman Melville, para ver la persistencia histórica de la ordalía sexista; Una extraña confesión, de Antón Chéjov, El anochecer, de David Goodis, e Inocencia trágica, de Agatha Christie, para enfocar este fenómeno desde la perspectiva de la novela negra, de la que Eugenio Fuentes es especialista; Cinco esquinas, de Mario Vargas Llosa, y Areopagítica, de John Milton, para abrirnos los ojos a la ordalía virtual de la que somos testigos (o protagonistas) en las redes sociales; y concluye con El caso de Maurizius, de Jakob Wassermann, con la que retrata cómo el ordalizado siempre es destruido.

Todas estas obras le sirven para disertar sobre la ordalía de una manera accesible y amena. Pero no se conforma con eso y también hace crítica literaria, destacando los puntos fuertes o carencias de las tramas y personajes, lo que nos provoca unas ganas tremendas de leer las obras de las que nos habla, aunque alguna que otra vez se extralimite y nos cuente hasta el desenlace.

A mí me fascina indagar en el lado oscuro de los seres humanos a través de la literatura, pero estoy harta de verlo cada vez que enciendo la televisión o entro en las redes sociales. Ahora, la ordalía puede ejecutarla cualquiera contra cualquiera y no hace falta recurrir a una hoguera para destrozarle la vida a alguien. Como afirma Eugenio Fuentes, «una ordalía refleja a la víctima, pero también a la comunidad que la ejecuta o lo consiente». Así que deberíamos plantearnos qué clase de sociedad queremos ser. La hoguera de los inocentes es una lectura muy útil para ello, pues nos hace tomar conciencia de que esa aberración llamada ordalía no es cosa del pasado, desgraciadamente.



DE LA MELANCOLÍA

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De la melancolía - Espido Freire | Planeta de LibrosEspido Freire construye una novela maravillosa sobre la acción transformadora del amor para superar la tristeza

Elena y Sergio forman una pareja unida, pero la imposibilidad de ser padres hace aflorar la falta de amor entre ellos y Sergio decide, después de veinte años de convivencia, abandonar a Elena. Ella cae en una profunda depresión que tambalea su vida en todos los aspectos. 

Pasa el tiempo y Elena recibe una propuesta de un familiar lejano para alojar, durante su convalecencia, a Lázaro, un tío abuelo que tiene que ser operado. 

Elena no solo acoge en su casa a Lázaro, sino que, como tiene que alquilarla para sobrevivir, también otros personajes llegan a la casa con su visión sobre cómo vivir la tristeza o cómo huir de ella: Sonsoles, una mujer mayor que debe vender su casa, llena de libros y de recuerdos; Vanesa, una joven de treinta años que se niega a crecer, porque el mundo de los adultos le resulta terrorífico; Teresa, que entra en la historia para conseguirle una gatita a Lázaro y que ya no se va, como una especie de hada urbana que alivia del dolor cada una de las veces que aparece. O Cristian, un viejo amigo que reaparece, un triunfador que oculta tantos secretos como pecados.

Una historia que relata las heridas que dejó la crisis; las maneras de sobrevivir, y cómo, frente a todo, la fuerza del ser humano se impone; cómo el amor nos salva de muchas cosas, y la vida nos enseña, siempre que se quiera aprender.

CUANDO AMAR DEMASIADO ES DEPENDER

Publicado por Lucky en 17:28 0 comentarios
Cuando amar demasiado es depender: Aprende a superar la ...APRENDER A SUPERARLA DEPENDENCIA EMOCIONAL

¿Estás atrapado en una relación de pareja en la que no eres feliz? 

¿Crees que has perdido el control de tu vida y que estás condicionado por tu pareja? 

¿Sientes que te has perdido a ti mismo o que ni tan solo recuerdas cómo eras antes de conocerle? 

Si es así probablemente sufres dependencia emocional. Sabemos que en una relación de pareja nunca hay garantías, pero algunas personas se enganchan, generan vínculos tóxicos con el otro y, sin darse cuenta, empiezan a perder el control de su propia vida. 

Quienes padecen dependencia emocional tienen un concepto erróneo del amor y creen que éste va ligado siempre al sufrimiento. Por ello, dejan de ser quienes eran, su vitalidad se apaga, sus ilusiones desaparecen y toda su vida gira en torno al otro. Esa persona con la que ni siquiera son felices. 

Silvia Congost, psicóloga especializada en el tratamiento de la dependencia emocional, te ofrece un manual que te ayudará a tomar conciencia de cuál es la situación en la que te encuentras y, de una manera clara y cercana, te guiará para encontrar tu fuerza interior, la única que te permitirá liberarte de tu situación de dependencia y empezar a caminar hacia tus verdaderos propósitos. 

Cuando amar demasiado es depender se convertirá en la herramienta imprescindible para todos aquellos que deseen superar la dependencia emocional, recuperar su autoestima y fortalecerse para iniciar una nueva vida libres del miedo a quedarse solos.

viernes, 29 de mayo de 2020

MUJERES QUE NO PERDONAN

Publicado por Lucky en 22:39 0 comentarios
Ingrid, Victoria y Birgitta son tres mujeres muy distintas. Para el resto del mundo, llevan vidas aparentemente perfectas, pero las tres tienen algo en común: sufren en secreto la tragedia de vivir sometidas a sus maridos. 

Hasta que un día, llevadas al límite, planean, sin tan siquiera conocerse, el crimen perfecto.


jueves, 28 de mayo de 2020

POR QUÉ VOLVÍAS CADA VERANO

Publicado por Lucky en 21:34 0 comentarios
Belén López Peiró tiene 26 años, es periodista, escritora y una mujer muy valiente. 

A Belén se la nota decidida y desenvuelta. No quiso callar más el abuso sexual que sufrió durante su adolescencia. Primero tuvo que reconocerse víctima para poder salir de ese lugar y finalmente animarse a denunciar. A través de la escritura, su mejor arma para defenderse, encontró herramientas para que su voz resuene.

La infancia y adolescencia de Belén transcurrieron entre capital federal y la localidad bonaerense de Santa Lucía, el pueblo de su mamá. Cuando las clases terminaban, armaba sus cosas e iba a pasar el verano a la casa de sus tíos y sus primos. Allí su tío abusaba de ella. Siempre de noche. Siempre de espaldas, sin mirarla a los ojos. Un tío policía bien macho, de poder adquisitivo alto, destilando su poder y su fuerza hasta cuando iba a visitar a sus familiares; dejaba su arma reposando a la vista de todos. Un tío que, tal como lo narra Belén en el libro, creía que podía tomar prestada la niñez de una mujer y destrozarla. 

“El abuso, como una violación, como una violencia, genera una forma de expropiación. No te sentís dueña de tu propio cuerpo. Una vez que tenés las herramientas para volver a adueñarte, para tratarte bien, para cuidarte, se te abre otro mundo de posibilidades”, manifiesta Belén acerca de su proceso de reconstrucción.

Hace unos años empezó un taller literario dirigido por la escritora Gabriela Cabezón Cámara. A pesar de su vocación de periodista, quería explorar su creatividad y ejercitar su escritura de manera literaria. Todo cambió cuando a los y las talleristas les llegó una invitación de Abuelas de Plaza de Mayo a enviar relatos sobre identidad para compilarlos en un libro para adolescentes. “Sentí que como mujer tenía que hacerme cargo de eso. Era un pendiente: hacerlo por mí y por otras mujeres”, aseguró Belén acerca del momento en que decidió relatar la historia del abuso.

A lo largo de la novela, además de contar la negación de algunos de sus familiares ante la confesión y las trabas propias del poder judicial, Belén le pide a su mamá que no le suelte la mano, que no la entregue cada verano. Sin embargo, está convencida de que la historia del abuso las ayudó a recomponer la relación. “Cuando le conté, ella me pidió disculpas. Pudo hacer desde ese día todo lo que sentí que no había hecho antes. Fue la primera persona que me creyó cuando le dije que me había pasado algo. Tuvo los ovarios bien puestos para hacer la denuncia y acompañarme a declarar”, sostiene Belén.

“Por qué volvías cada verano” –editada por Madreselva- es una novela polifónica. No solo es la voz de Belén la que está presente en el relato, sino también la de sus familiares y conocidos, abogados, médicos y sus declaraciones testimoniales en la causa. “Es importante que se pueda transmitir todo, el contexto, el momento. El hecho en sí fue grave, me generó tristeza, pero lo que más me dolió fue todo lo que se decía en relación al abuso”, confiesa Belén.

La elección del léxico también hace a la crudeza del relato. Quienes se sumerjan en las páginas de esta novela podrán sentir cada palabra como un puñal. La autora es explícita, va al hueso, escribe sin vueltas. “Me di cuenta que hay que nombrar las cosas por su nombre, ni suavizarlas, ni teñirlas. Las palabras tienen un peso tan fuerte que no puede existir la careteada”, afirma.

Belén encontró en el libro una forma de hacer justicia propia, a pesar de que la batalla judicial todavía no esté del todo ganada. La causa fue iniciada en agosto de 2014 y al día de hoy, están esperando la elevación a juicio. Belén logró cerrarle la puerta en la cara al miedo. Ese temor que la recorría antes y durante el proceso judicial, cada vez que iba a declarar a tribunales, cada vez que tenía que detallar dónde y cómo su tío la había abusado. “Con el taller de escritura, dejé de padecerlo, dejé el miedo y la tristeza de lado, y entendí que ya no estaba más sola”, aseguró.

Esta novela es un grito, una denuncia, pero también una manera de sanar. Belén descubrió la posibilidad de transformar el dolor y convertir su libro en un instrumento de lucha, de contención y acompañamiento para aquellas que no se animan a denunciar.

“Esta es mi forma de militar. Muchas lectoras me dicen que el libro las ayudó a hablar. Eso es lo que más me enorgullece”, revela y suelta una sonrisa.

La tapa del libro también es de su autoría: es la entrada a Santa Lucía. La pintó cuando era chica. Aunque su pasión por la pintura se encuentra en “stand by”, tiene ganas de retomar el pincel y el lienzo en algún momento. Ella ve en el libro el cierre de una etapa de su vida y el inicio de una nueva llena de posibilidades a nivel personal y profesional. “Así como mi vida no empieza ni termina en el abuso, en la literatura tampoco empiezo ni término ahí”, concluye Belén.

LAS GENEALOGÍAS

Publicado por Lucky en 12:28 0 comentarios
Las genealogías: Glantz, Margo: Amazon.com.mx: LibrosLas genealogías de Margo Glantz es un libro que peregrina de un mundo a otro, estableciendo siempre un nuevo principio de significación y recuperando una renovada vigencia con una sorprendente vitalidad. 

Es peculiar esta errancia, por lo menos en sus ediciones en español, que semeja de alguna manera lo que se cuenta dentro del libro. Publicado por Martín Casillas en Ciudad de México en 1981, había ido apareciendo previamente y por entregas en el diario mexicano Uno más uno. Después de eso, Las genealogías han sido publicadas en Lecturas Mexicanas por el Estado mexicano en 1987, en Alfaguara en 1990 y 1997, hasta recalar finalmente en Pre-Textos, probablemente su lugar más adecuado, en una bella edición, con nuevas fotografías familiares, con la fotografía en la portada de un niño judío ortodoxo por delante de una multitud, que señala su indudable procedencia y sentido.


Las genealogías es la relación de los hechos de una pareja judía que emigra a la ciudad de México y vive en ella a lo largo de tres generaciones, es decir, durante la mayor parte del siglo XX. «Todos, seamos nobles o no, tenemos nuestras genealogías», escribe Margo Glantz al inicio de su libro, y sigue: «Yo desciendo del Génesis, no por soberbia sino por necesidad. Mis padres nacieron en una Ucrania judía muy diferente del México donde tuve suerte de ver la vida entre los gritos de los marchantes de la Merced». V. S. Naipaul, que pertenece a una estirpe parecida, la de los brahmanes, en cuanto a su calculada continuidad y su remontarse a equivalentes orígenes, le diría que no, que ellos son la excepción, y que la historia demuestra que son los colonizadores los que tienen genealogías, pues los colonizados, sean éstos descendientes de esclavos negros llevados a América o indígenas aborígenes en una sociedad nueva, no remontan su historia más allá de la tercera generación.

Margo Glantz, y su libro lo soba y repasa, tiene el privilegio de pertenecer a una genealogía que, como ella dice, se remonta al Génesis, pero que, como le sucede también a Naipaul, al tener el valor de inscribirse e integrarse progresivamente en una sociedad más amplia y también más moderna y abierta, inaugura y continúa una pertenencia a varias genealogías, que en el caso de Margo Glantz se despliega por México, Estados Unidos y Rusia. El rastro, por usar un título caro a Margo Glantz, de esa progresiva laicización, es quizás una de las cosas más interesantes que suceden en Las genealogías, y probablemente lo que permite, como a Naipaul, que ese ejercicio genealógico de sus comunidades siempre referido a una historia mítica y colectiva, se refunda en una historia familiar y se reconstruya en narración personal. Porque no todas las familias no colonizadas tienen el privilegio de reconstruir una historia familiar. Se necesita el ejercicio, el placer y la disciplina de la escritura, en varias generaciones, para que esto suceda.

Una de las fuentes documentales, por ejemplo, más maravillosas de la historia inglesa proviene de las cartas que una sola familia fue escribiéndose durante varias generaciones, hasta que dejó de ser necesario o la costumbre se perdió. Que Margo Glantz o V. S. Naipaul se hayan convertido en escritores proviene de movimientos parecidos, en los padres de ambos, en un esfuerzo por inscribirse en sus sociedades y, esto es importante, por convertirse, dentro de ella, en escritores. Naipaul cuenta esto con detallada hermosura en Una casa para el Sr. Biswas y, más documentalmente, en las cartas que se escribe con su padre a su llegada a Londres, y Margo Glantz lo va desarrollando en la progresiva narración de la vida de su padre, desde el pueblo de campesinos judíos de Ucrania, amenazados y atacados continuamente por los pogromos: «Estamos en 1917. Entro a casa del tío y por poco me vuelvo loco, el tío tenía una larga barba, rizada y roja totalmente tinta en sangre, y él mismo estaba sentado en un río de sangre, con los ojos abiertos, con el miedo de la muerte aún no apagado, tal vez hasta respiraba; junto a él, envueltos en una sábana, todos los utensilios de la casa, todo lo que había de plata o de cobre, los candelabros sabáticos, el samovar. Entonces yo, muerto de miedo, sin saber qué hacer, corrí fuera de la colonia como demente. El pogromo duró varios días, Salí al campo profundo, pero sin agua, y encontré un pozo abandonado, y me aferré a los peldaños y ahí estuve varios días. Cuando oí que estaba todo calmado, salí. Antes, oía los gritos tremendos de las muchachas y los nov». A lo cual Glantz responde, mostrando el camino al que su padre la llevó: «Me parece conocido –intervengo–, es como esas bolas que contaban nuestros novelistas del siglo XIX y como algunas de las que contaban los que escribieron la novela de la revolución mexicana; las bolas y las levas, la confusión, el saqueo, la muerte». Lo que me parece interesantísimo en este diálogo es la marca de apropiación inconscientemente puesta por Glantz cuando dice «nuestros novelistas», refiriéndose a los pertenecientes a la historia literaria de México, que ella misma ha sido una de las principales en formar, impulsar y estudiar. Por supuesto, no es mi intención, ni remotamente, cuestionar las pertenencias de Margo Glantz, y aclaro esto porque no sería la primera vez que se le cuestionan a una persona sus pertenencias, elegidas o no. Creo que cada uno es de las patrias que se merece o inventa, y en el plano personal, no todas tienen la misma dignidad. Lo señalo porque esa frase marca el progresivo distanciamiento que dándose en la familia de Margo Glantz de la ortodoxia religiosa a la afirmación individual y familiar de un, llamémoslo así, liberalismo. Al mismo tiempo, como contrapartida, están también las presiones exteriores o sociales que marcan al individuo de regreso en una fijación que bien ya había abandonado, bien simplemente no consideraba pública. Como espejo de esa escena en Novo Vitebsk, Ucrania, antes de la Segunda Guerra Mundial el padre de Margo Glantz fue atacado en su tienda de bolsos. «En enero de 1939 mi padre fue atacado por un grupo fascista de Camisas Doradas que se reunieron en la calle Dieciséis de Septiembre, donde mis padres tenían una pequeña boutique de bolsas y guantes llamada Lisette. La barba, el tipo de judío y quizá su parecido con Trotsky hicieron de Jacobo Glantz el blanco perfecto para una especie de pogromo o linchamiento. Trataron de colocar a mi padre sobre la vía del tren para que éste le pasara encima, mientras otros arrojaban piedras y gritaban insultos tradicionales [¿qué querrá decir Margo Glantz con lo de «insultos tradicionales»?]. Mi padre pudo escapar, ayudado por algunos transeúntes asombrados, entrar a la boutique y subir al tapanco. El hermano de Sequeiros, que pasaba por ahí y entraba a saludar a mis padres, se colocó en la puerta con los brazos extendidos y gritó: Péguenme a mí». La historia continúa y Jacobo Glantz se salva. La historia tiene algo chusco, y todavía más si la ubicamos en México, donde probablemente fue uno de los pocos actos abiertamente antisemitas (el término me molesta, pero es el que se usa) que se dieron, pero es un ejemplo de cómo una misma escena puede disolverse en el anecdotario o convertirse en el principio de un acabose.

Lo que el libro de Margo Glantz va narrando es, repito, esa progresiva laicización. Es interesante, en ese sentido, la narración del viaje del padre de Margo Glantz a Moscú y su acercamiento, dado que era poeta, a los poetas revolucionarios y comunistas. Por el lado de su madre, a su vez, la narración de sus estudios de medicina, que es lo que quiere ser. El viaje a México cancela realidades y abre otras, la madre de Glantz no puede continuar sus estudios ni ejercer, pues una amiga le robó sus papeles. Entonces empieza a hacer otras cosas. Lo mismo el padre, que de escribir en ruso pasa a escribir en iris. Pero es sintomático que una vez en México no decida ponerle a sus hijas nombres judíos. Sólo a la menor de las cuatro, ya quizás en medio de un resensibilizacion de la cuestión judía, la llaman Shulamis. Margo Glantz estudia en la Universidad de México, donde enseña hasta la actualidad, y su libro es el notable ejemplo y ejercicio de esta laicización. Lo que demuestra que la educación laica es necesaria e indispensable. Una muestra de esto se da en la parte gráfica del libro, donde el padre de Margo Glantz aparece en compañía de su madre, vestidos ambos de carnaval, de mexicano, muy joven, probablemente recién llegado, de poeta serio, siempre en pose y por lo mismo siempre festivo. Lo que se nota es que su padre tenía sentido del humor, como lo tiene Glantz, con las bromas que va intercalando en su texto.
 

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