jueves, 9 de marzo de 2017

AUSCHWITZ, LOS NAZIS Y LA SOLUCIÓN FINAL

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Resultado de imagen para Auschwitz. Los nazis y la “solución final” – Laurence ReesÉste es el primer relato completo de la historia de Auschwitz, que se convirtió en un inmenso taller que trabajaba para la guerra, a la vez que en una fábrica de muerte, donde se acabó arrojando a los niños vivos a las hogueras, al no dar abasto las cámaras de gas. 

Un lugar singular, con funcionarios corruptos, con médicos sanguinarios como Mengele y hasta con un burdel para estimular a los prisioneros "muy trabajadores". 

Pero tal vez lo más terrible resulte saber que cerca del ochenta y cinco por 100 de los miembros de la SS que trabajaron en el campo y sobrevivieron a la guerra han quedado impunes, que ni se arrepienten ni creen necesario excusarse con la obediencia a las órdenes recibidas y que ello no parece escandalizar hoy a sus conciudadanos. 

Este libro pretende despertar nuestras conciencias para que entre todos impidamos que vuelva a haber otro Auschwitz.

Se suele decir que aquellos pueblos que desconocen la Historia están condenados a repetirla. Se trata de una idea en la que subyace un fondo optimista, una visión de la Historia como posibilidad de progreso y mejora. La lectura del texto de Laurence Rees echa por tierra cualquier visión positiva que se pudiera albergar al respecto. Ni el proceso por el que se llegó a adoptar la “solución final”, ni la falta de consecuencias para la mayoría de los SS implicados en la administración de la fábrica de muertos en que se convirtió Auschwitz, ni el trato recibido en muchos países por los supervivientes del Holocausto, ni prácticamente ningún otro asunto tratado por Rees ofrecen esperanza para poder extraer un pequeño consuelo moral de entre tanta barbarie.
Rees sabe combinar los acontecimientos históricos con las pequeñas historias individuales, fruto en su mayor parte del trabajo de investigación para la realización de un documental para la BBC cuyo epílogo es precisamente este libro. De las entrevistas realizadas a antiguos miembros de las SS (así como de las declaraciones de otros ya fallecidos) se puede concluir que el arrepentimiento no figura en el vocabulario de los entrevistados. La opinión habitual de que obraron en cumplimiento de órdenes superiores y de que el contexto de manipulación propagandística y envenenamiento ideológico explican su conducta, queda contradicha. La actitud general es la de que la “solución final” fue un error de los jerarcas nazis fundamentalmente porque atrajo las antipatías y el rechazo internacional impidiendo la coalición de Alemania con los Aliados frente a Rusia, en definitiva, no se discute el fondo moral de la decisión, sino su oportunidad política.

El propio autor destaca en el prólogo del libro lo que le sorprendió el antisemitismo latente que percibió en Europa oriental, pese a la presencia testimonial de la población judía. Este hecho podría explicarse en parte por la propaganda comunista que trató de reducir el componente antisemita de la política nazi para englobar a todos los fallecidos en los campos de exterminio como antifascistas, olvidando que la mayoría de ellos fueron judíos. Entre el resto se cuentan colectivos tan variados como católicos, homosexuales, testigos de Jehová, gitanos, prisioneros políticos, miembros de la Resistencia, prisioneros de guerra, y un largo etcétera.

Precisamente en Europa Oriental los judíos supervivientes del Holocausto que trataron de volver a sus hogares vieron cómo sus casas y negocios habían sido expropiados y entregados a otros en su ausencia sin posibilidad legal de reclamar sus propiedades. En la mayoría de los casos optaron por emigrar al recién fundado estado israelí. Acogidos entre los “suyos” sufrieron un sordo reproche dado que quienes no habían vivido la experiencia de los campos consideraban que los supervivientes habían colaborado en gran medida en la matanza (de hecho, la mayor parte del proceso de muerte en las cámaras de gas, incineración, etc., no se realizaba directamente por los alemanes sino por otros prisioneros seleccionados para estas ingratas labores, reduciendo así el “coste psicológico” que implicaba el estar expuesto a aquellas escenas de horror). También había cierto rechazo debido a que se suponía que los judíos europeos no se habían opuesto con toda sus fuerzas al exterminio (“como ovejas conducidas al matadero”). De ahí que muchos de ellos emigraron finalmente a los Estados Unidos en busca de un sosiego imposible.

Al margen de los relatos individuales, todos ellos de brutal intensidad, la mayor aportación del autor es la exposición de su teoría sobre el proceso que llevó a la adopción de la “solución final” y que consistía en la eliminación sistemática y podríamos decir, científica, de toda una raza.

Si bien es cierto que Hitler culpó a los judíos de la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial y sostuvo la necesidad de erradicarlos de la sociedad alemana, la eliminación física de todos los judíos, se descartaba como antigermánica dado que los dirigentes nazis se consideraban el epígono de la civilización occidental. En los primeros años de la guerra se plantearon incluso la concentración de todos los judíos en alguna de la colonias ultramarinas de Francia como forma de solucionar el problema de la germanización de parte de los territorios ocupados.

Sin embargo, diversos acontecimientos y decisiones adoptadas por los nazis creaban las condiciones para nuevas decisiones. Las medidas sobre los judíos creaban problemas para cuya solución era preciso adoptar nuevas medidas que, a su vez, engendraban nuevos problemas para cuya solución se tomaban nuevas decisiones en un proceso endiablado en el que se terminó por asumir la necesidad de la eliminación física total de la presencia judía en la Europa ocupada. Lo más aterrador de esta decisión es que, por primera vez en la Historia, no sólo se decide la eliminación “total” de un pueblo, sino que se hace de manera fría, planificada, sistemática y prolongada en el tiempo, con una eficacia que sólo el siglo XX con sus avances técnicos, habría permitido.

La política de germanización de las tierras ocupadas adyacentes a Alemania forzó la expulsión de, entre otros, un gran número de judíos que residían en dichas zonas. La concentración en guetos y la prohibición de trabajar a los judíos (para preservar esos puestos para trabajadores arios) trajo consigo nuevos problemas. La invasión de la Unión Soviética –cuyos habitantes eran considerados subhumanos, más aún los judíos rusos- llevó a la creación de brigadas especializadas en la eliminación física de judíos, comisarios políticos, etc, de manera indiscriminada, como no se había hecho anteriormente en el frente occidental. Estas matanzas, cuyo “coste psicológico” era enorme para los miembros de las SS (ni siquiera a ellos les resultaba soportable matar diariamente a mujeres, ancianos y niños, a sangre fría) forzó la búsqueda de alternativas. Una de ellas fue la de utilizar gases letales, siendo las primera cámaras de gas, camiones adaptados a tal fin.

Todo ello posibilitó un medio de exterminación masivo que no precisaba la implicación de un gran número de alemanes en el proceso (como he comentado, otros prisioneros se encargaban de cortar el pelo a los que iban a ser llevados a las cámaras de gas, de buscaban entre sus ropas objetos de valor, de sacar los cuerpos con destino a los crematorios, etc.)

La necesidad de fuerza de trabajo llevó a la creación de campos y subcampos con fines de explotación de mano de obra esclava para lo que era necesario movilizar a los trabajadores aptos de los guetos. Dejar en ellos sólo a mujeres, niños e incapaces era condenarlos a una muerte segura y a los problemas de salubridad subsiguientes, con un alto coste para los ocupantes nazis; de ahí que fuera preferido transportar en trenes a las familias completas y luego, una vez llegados al campo, se realizaba la “selección” separando a los trabajadores aptos del resto que eran llevados directamente a las cámaras de gas.

Mientras se iba poniendo de manifiesto la dificultad de ganar la guerra, el problema judío se convertía en un asunto de venganza. El propio Hitler aseguró que no quería que los judíos obtuvieran beneficio de la guerra. La venganza y el odio se convirtieron finalmente en la razón última del exterminio y la única capaz de explicar el gasto de recursos que suponía la persecución y exterminio de los judíos cuando se tenía a los rusos camino de Berlín.

Esta sucesión de hechos, el crear la situación que fuerza la adopción de ulteriores decisiones de manera que se está ante un proceso de dar un paso adelanto en la locura, tomar tiempo para asumir dicha decisión y prepararse para el siguiente paso, son la única explicación coherente que puede dar cuenta de este proceso, pero al tiempo, es la mayor prueba de que caer en dicha espiral de locura no es tan imposible como pudiera parecer si nos limitamos a analizar la “solución final” como un designio nazi que las circunstancias de la guerra permitieron que se llevara a cabo. Lo terrible es que, analizando los periódicos podemos asistir a procesos de este tipo. Por ejemplo, la propia ocupación de territorios palestinos, la creación de asentamientos, el levantamiento de un muro de separación, parecen llevar una lógica perversa similar. Dónde se ponga el límite a esta carrera depende de la capacidad de analizar la realidad de manera objetiva parece el único antídoto posible.

Para contradecir a Rees, y lograr un final hermoso del que su historia necesariamente carece, concluiremos con el ejemplo de Dinamarca y el trato que durante la ocupación se dispensó, con carácter general, a los judíos. Sus autoridades se opusieron a la adopción de medidas antisemitas (al contrario de lo que hicieron las de otros países occidentales ocupados, como Francia o Eslovenia) y apoyaron de manera activa la evacuación de la población judía a Suecia cuando los nazis decidieron la deportación de los judíos daneses. Igualmente, la mayoría de los judíos que regresó a sus hogares tras la guerra no tuvo que enfrentarse a los odios, prejuicios y problemas legales que tuvieron que padecer la mayoría de los supervivientes en la Europa Oriental. La elección es siempre posible.

miércoles, 8 de marzo de 2017

LA BATALLA QUE CONMOCIONÓ EUROPA

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La batalla de Poltava en 1709 marca el nacimiento del Imperio ruso de Pedro el Grande. En 1700, el zar, de acuerdo con Dinamarca, Sajonia y Polonia, decidió acabar con la hegemonía sueca del norte de Europa. 

Cuando estas fuerzas internacionales consiguieron derrotar a las tropas del rey Carlos XII en Poltava, Ucrania, empezó el principio del declive y colapso del Imperio sueco y el ascenso de Rusia.

Junio de 1709. La guerra dura ya nueve largos años, y el ejército de Carlos XII sitia la ciudad de Poltava, en Ucrania. La caravana a Moscú se ha detenido, y el ejército ruso bajo las órdenes del zar Pedro está solo a cuatro kilómetros de distancia. 

Los suecos se han estado preparando para la batalla y las tropas, que habían estado desperdigadas por las llanuras de Ucrania, se han congregado. El plan consiste en marchar al amparo de la oscuridad y pillar a los rusos por sorpresa, pero cuando sale el sol todo el plan se desbarata.

En este libro se retrata el golpe fatal, hora tras hora, la catástrofe que segó 10.000 vidas. Se analizan las estrategias en el campo de batalla, los detalles que hacen la historia comprensible, real.

A través de los diarios y cartas de los testigos, lo sucedido se llena de las voces de los que estaban allí: el general, sus sirvientes, soldados, el capellán y la viuda de un soldado.

1945 CÓMO EL MUNDO DESCUBRIÓ EL HORROR

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ImagenEl descubrimiento más sobrecogedor del siglo XX, cuya onda de choque no ha terminado aún de sacudir la conciencia internacional, contado en tiempo real.

«Lo sabíamos. El mundo había oído hablar de ello. Pero hasta ahora ninguno de nosotros lo había visto. Fue como si al fin penetráramos en el lado oscuro del corazón, en el más despreciable interior del corazón maléfico.»
Meyer Levin

Buchenwald, Dachau, Bergen-Belsen... El descubrimiento de los campos de concentración nazis se hizo a medida que avanzaban las tropas aliadas en abril y mayo de 1945. Entre los primeros testigos del infierno había dos corresponsales de guerra: Meyer Levin, estadounidense, escritor y periodista, y Éric Schwab, fotógrafo francés de la agencia France Presse. Ambos judíos, se adentran mano a mano junto a los soldados americanos, cada uno guiado por una obsesión: el primero rastrea lo que queda de la comunidad judía en Europa; el segundo busca a su madre deportada. En cada campo descubren los rostros demacrados de los supervivientes, y montañas de cadáveres.

Annette Wieviorka, especialista en memoria del Holocausto mundialmente reconocida, parece deslizarse en la parte trasera del jeep y, siguiendo los pasos de estos dos periodistas, nos permite, de alguna manera, vivir en directo un acontecimiento que aún hoy no ha terminado de sacudirnos.

Liberar a los deportados no era, en realidad, un objetivo de guerra: nada o casi nada se había previsto para ellos. Este libro muestra la perplejidad ante la amplitud de los crímenes, la incomprensión, la lenta toma de conciencia de los primeros testigos y el desafío mediático que supuso semejante descubrimiento.

HISTORIA DE ESTADOS UNIDOS

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Uno de los rasgos que más han resaltado las obras centradas en la historia de Estados Unidos es el de su excepcionalismo. Si bien casi todas las historias nacionales se distinguen por esta cualidad, en los trabajos históricos sobre Estados Unidos la insistencia sobre la singularidad de su desarrollo histórico es todavía mayor.

Desde la fundación de las primeras colonias inglesas en Norteamérica, estuvo presente el deseo de alejamiento y de realización de un mundo verdaderamente nuevo, más equilibrado y justo que el de la vieja Europa. Esa idea de separación, de ruptura, de diferencia, ha sido un hilo conductor, según muchos historiadores, del devenir de la nación americana.

Una de las primeras conclusiones de este breve recorrido por la historia de Estados Unidos es que las corrientes culturales, los ritmos económicos, los movimientos y los conflictos sociales son similares a los del resto de América y de Europa.

Ilustración, republicanismo, esclavitud, movimientos de reforma románticos, experiencias utópicas, industrialización, inmigración, movimiento obrero, aparición de grandes y diversas metrópolis, crisis económicas, fundamentalismos religiosos y traumáticos conflictos bélicos estuvieron presentes a ambos lados del Atlántico.

Esta Historia de Estados Unidos acompaña al lector a través del tiempo y del espacio. Desde las primeras exploraciones europeas hasta el inicio de la presidencia de Barack Obama, recorreremos los procesos que concluyeron en un asombroso crecimiento territorial, demográfico, económico, político y de prestigio cultural.

Pero este libro también se detiene en los conflictos y en las fisuras que hacen que la historia de Estados Unidos sea una historia rica, compleja, y que su comprensión esté expuesta a múltiples interpretaciones.

martes, 7 de marzo de 2017

LOS NIÑOS DE IRENA

Publicado por Lucky en 21:22 0 comentarios
En 1942, a una joven trabajadora social, Irena Sendler, se le concedió acceso al gueto de Varsovia como especialista en salud pública. Una vez dentro, fue de puerta en puerta para rescatar a los niños de las familias judías atrapadas en el gueto. Empezó a sacarlos a escondidas del distrito amurallado, convenciendo a sus amigos y vecinos de que los ocultaran en sus casas. Impulsada a tomar medidas extremas y con la ayuda de una red de comerciantes locales, residentes del gueto y su amante, perteneciente a la resistencia judía, ella logró salvar a miles de niños de los nazis.

Irena hizo peligrosos viajes a través de las alcantarillas de la ciudad, ocultó a los niños en ataúdes, los colocó bajo abrigos en los puestos de control y los condujo a través de pasadizos secretos en edificios abandonados. Y luego mantuvo listas secretas enterradas en botellas debajo de un viejo manzano en el jardín de la casa de una amiga. En las listas estaban los nombres y las verdaderas identidades de los niños judíos, escritos cuidadosamente con la esperanza de que sus familiares pudieran encontrarlos después de la guerra. Aunque no pudo prever que más del noventa por ciento de estas familias moriría.

La vida de Irena Sendler, sin duda, es mucho más que una muestra de apego a la vida y cariño a los niños: es un gesto deslumbrante de amor a la humanidad.

El relato de Irena es una historia de valentía, pero también de un amor imposible y, por supuesto, de una época histórica tan terrible como real: la Segunda Guerra Mundial.

SOLO NOSOTROS DOS

Publicado por Lucky en 20:33 0 comentarios
Al principio se nos muestra al protagonista, Russell, enterándose de que su esposa Vivian está embarazada. Aunque esto le hace feliz, también le aterra, ya que no llevan mucho tiempo casados y cree que tal vez no estén preparados. Tras ver eso y cómo fue el nacimiento de su hija, damos un salto a la actualidad, en la que la niña ya tiene 5 años y la vida de Russell empieza a tambalearse por problemas en su trabajo. Él tiene un empleo relacionado con la publicidad. y por problemas con su jefe decide que puede ser un buen momento para establecerse por cuenta propia. 

A lo largo de todo el libro, la trama alterna el intento de Russell por triunfar profesionalmente y la distancia emocional que se inicia entre él y Vivian a raíz de que ella comience a trabajar y a mostrar una actitud diferente con él. Que Vivian esté más ocupada y él no, hacen que vaya estrechando su relación con London (su hija). Me pareció interesante ver aquí el cambio de Russell, ya que ocuparse más de su hija como que le abre los ojos y le hace ver que su vida no era tan perfecta. Además, descubre que cuando se tienen problemas, no es fácil contar con cualquiera. 

Russell es un personaje que me resultó simpático desde el primer momento, pues se nota que no hay nada de maldad en él y que tiene un  toque de ingenuidad que me hacía enfadarme con los que se aprovechaban de él, como por ejemplo su esposa. Vivian me resultó antipática desde su primera aparición, ya que me parecía que estaba con Russell por estar, no porque estuviera locamente enamorada de él. Su situación me hizo pensar en esas relaciones en las que las parejas dejan de prestarse atención y no se dan cuenta de que ya no tienen nada en común. Como lectora, lo que más coraje me daba era que, para evitar problemas, Russell nunca quisiera responderle a Vivian cuando ella le acusaba de cosas injustamente o le hacia algunos comentarios ofensivos. 

Respecto a la relación de Russell con su hija, me pareció tierna y, aunque al tener ella solo 5 años tampoco es que tengan grandes conversaciones, es bonito ver la manera en que el cariño entre ambos se va reforzando. Otros personajes importantes son los padres de Russell, su hermana Marge,  Liz (novia de Marge) y Emily(la madre de un amigo de London y antigua pareja de Russell). Mis favoritas fueron Marge y Liz, ya que dicen las cosas claras y saben combinar bien la despreocupación con la seriedad. Todos ellos servirán para que Russell empiece a plantearse la importancia de la familia y la necesidad de tener algún amigo para afrontar los golpes y los éxitos que se tienen en la vida. 

No les voy a mentir, no es un libro de momentos trepidantes ni con grandes giros argumentales, pues es muy fácil deducir qué va a ir sucediendo. La belleza de la historia radica en la capacidad de Sparks para hacer que lo cotidiano se convierta en algo interesante. La narración es muy ágil y no se pierde el tiempo en descripciones inútiles, además, al comienzo de cada capítulo siempre se dedicaba un momento a algún recuerdo de Russell respecto a su pasado (su niñez, situaciones que le marcaron, su primer amor...) y esto siempre resultaba algo que iba a ser importante para entender su actitud en el presente. El motivo por el que le restaré puntuación al libro es porque, aunque la lectura no se hace pesada, sí que me hubiera gustado ver algún sobresalto o algo inesperado y que Russell no fuera tan terco para entender que ciertas cosas se acaban y no hay vuelta atrás. 

Al principio dije que no es una historia romántica y no es que me vaya a contradecir, sencillamente quiero aclarar que hay pequeños momentos de esto, pero no me pareció que fuera lo más importante ni lo que centrara la atención. 

Y debo hablar de la parte final del libro, ya que Sparks demuestra su maestría para describir sentimientos y situaciones de un modo realista pero sin perder la emotividad. Las últimas 70 páginas fueron para mí una debacle emocional. Me intuía lo que iba a suceder, pero eso no impidió que estuviera la mayor parte del tiempo llorando. Hay tanta emoción, tanta ternura y tanto amor en esas páginas que creo que es imposible quedarse indiferente y no darte cuenta de hasta qué punto los personajes han conseguido que conectes con ellos. Sparks es famoso por no hacer finales en los que todo sea perfecto, y a pesar de ello, nunca había llorado tanto como con este libro. 

LA HIJA DEL KREMLIN

Publicado por Lucky en 15:38 0 comentarios

¿Puede alguien vivir una vida normal después de haber vivido en el mismísmo infierno en la tierra? ¿Puede una persona olvidar su pasado cuando por sus venas corre la sangre de uno de los genocidas más terribles de la historia? Svetlana Stalin es una anciana que vive en Estados Unidos. Bajo su nueva identidad como Lana Peters intenta acabar sus días en paz. Cuando conoce a Paul Parker, un abogado que entra en su vida por casualidad, decide revelarle algunos de los secretos que durante años le han estado quemando en el alma. 


El relato se estructura a partir de un personaje actual, el abogado Paul Parker. Parker está casado con Irina, una mujer de origen ruso, y desde siempre ha sentido una atracción especial por todo lo relacionado con la historia de la URSS. A pesar de que se gana la vida en un bufete de abogados, su verdadera pasión es la escritura. Un día, recibe una nota en la que se le pide colaborar en el caso de los derechos de autor de Serguéi Mijáilovich Eisenstein, cineasta soviético que pasaría a la historia por cintas como El acorazado Potemkin. El caso le lleva a viajar desde Los Ángeles hasta Milwaukee donde una anciana Svetlana Allilúyeva acepta entrevistarse con Parker y Kevin Altman, el hombre que le ha mentido en el caso, porque al parecer, la hija de Stalin tiene vinculación con los derechos de Eisenstein. Pero la cuestión del cineasta es sólo la llave para entrar en el verdadero meollo de la novela. Porque cuando Svetlana conoce a Paul, se crea entre ellos una vinculación especial que despierta en la hija de Stalin la necesidad de relatarle la historia de su vida. Y pedirle un importante favor, que se convertirá en algo así como su última voluntad. 



Svetlana junto a su padre y su hermano



A partir de aquí, es la propia Svetlana la que toma las riendas de la narración no sin hacer un gran esfuerzo, no sólo por la edad que tiene, entrando en los ochenta, sino por la dureza de sus recuerdos: 


Aunque ya no puedo caminar más que unos pasos sin agotarme, sin embargo rememoro con todo detalle algunos momentos de hace cincuenta o sesenta años, con la sensación de seguir allí [...]. Y por alguna razón quiero hacerle partícipe de todo aquello antes de marcharme al paraíso, porque como usted comprenderá, tras haber vivido en el infierno ya nada logrará sorprenderme. 

Las palabras de la que fuera hija de uno de los dictadores más crueles y sanguinarios de la historia, nos adentran en la Unión Soviética de las purgas de Stalin, del miedo impregnado en todos los poros del cuerpo, en una Rusia empobrecida y silenciada por terror a acabar en la temida Lubyanka. Y en aquel mundo dramáticamente violento y cruel escondido tras el telón de acero, una niña que sobrevivió a la misteriosa muerte de su madre y a una infancia en el Kremlin, una fortaleza convertida en el centro de un universo que parecía irreal pero que Svetlana vivió y sufrió en sus propias carnes. Ser la hija de Stalin fue una dura herencia para ella, quien no se libraría de la sombra de su padre ni tan siquiera cuando el monstruo falleció. Para ello decidió marchar de Moscú e iniciar una nueva vida. 

Era consciente de que mi época como princesa del Kremlin había acabado. Sentía una profunda vergüenza de haberlo sido y de apellidarme Stalin, heredera y sin quererlo cómplice de todo lo que aquel hombre había hecho y deshecho, transformando a Rusia, Georgia, Bielorussia, Ucrania, Armenia, a todas las repúblicas de la URSS, en lugares sin libertad y sin esperanza. 



Svetlana a su llegada a Nueva York



La búsqueda del amor, su lucha por iniciar una nueva vida en los Estados Unidos primero, en Inglaterra después y su retorno a aquella Rusia de la que había huido para arrancarse de su alma todo el dolor que había vivido, completan la biografía de una mujer atrapada en su propio destino.

Cuando Svetlana concluye su relato, le pide a Paul Parker que viaje a Moscú en busca de unos documentos que escondió horas antes de la muerte de su padre. Empieza entonces el periplo del abogado que sueña con ser escritor por una Rusia que aún tiene muy presente los tiempos del estalinismo. En Moscú hablará con otros protagonistas de aquellos años duros, unos testimonios que terminarán de completar la narración de Svetlana. 

La hija del Kremlin es una novela conmovedora, emocionante, porque nos habla de un tiempo dramático y difícil de olvidar. Un relato que nos recuerda todo lo que el ser humano puede llegar a hacer cuando su mente enloquece en pos de un poder que, como el de Stalin, llegó a ser abrumador. 
 

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