martes, 27 de mayo de 2025

24 HORAS EN LA ROMA DE NERÓN

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Sigue el día a día de los ciudadanos romanos, acompañándolos por las calles de la capital, los templos, los palacios, los barrios bajos, hasta las arenas del circo.

«El barco en el que viaja Aniceto rumbo a Roma (…) llega por fin a Ostia, puerto de la capital. Desde allí, se dirige apresuradamente a la Ciudad Eterna. El día anterior, una misiva firmada por el emperador le instaba a presentarse lo antes posible en su morada. El tono urgente de la carta dejaba entrever una cierta gravedad que no cesa de inquietarlo. Mientras bordea las márgenes del Tíber, la cima del Palatino emerge poco a poco al sol matutino que corona la capital.»

Estamos en la Roma del año 62 d.C. y, en lo alto del Palatino, se gesta un complot. Nerón, ansioso por unirse a Popea, tiene la intención de divorciarse de la emperatriz Octavia, pero necesita un pretexto y el esclavo liberado Aniceto será el instrumento de esta conspiración. Es a él a quien seguiremos por las calles de la capital, de los templos a los palacios, de los barrios bajos a las arenas del circo, acercándonos a lo que fue vida cotidiana en Roma. ¿Cómo vivía la gente en la época de Nerón? ¿Cuáles eran las creencias, los miedos, el hábitat, los placeres, las libertades y las servidumbres de los romanos?

En “24 horas en la Roma de Nerón”, obra editada por Crítica, Dimitri Tilloi-d'Ambrosi, un erudito ampliamente reconocido en Historia romana, nos sumerge en la vida diaria de la Roma del año 62 d.C. Este libro, más que un mero recorrido histórico, es una inmersión detallada y vivaz en la rutina de los ciudadanos romanos, recorriendo con ellos desde las calles y templos hasta los palacios y barrios humildes de la capital, culminando en las emocionantes arenas del circo. La trama del libro se enfoca en Aniceto, un esclavo liberado que se ve involucrado en un complot en las alturas del Palatino. Con la intención de divorciarse de la emperatriz Octavia y casarse con Popea, el emperador Nerón ve en Aniceto el instrumento perfecto para llevar a cabo su plan. La historia se despliega a partir de una urgente carta del emperador, que precipita la llegada de Aniceto a Roma. La descripción detallada del trayecto de Ostia al corazón de Roma logra situarnos magistralmente en la época y el lugar.

Tilloi-d'Ambrosi, quien es profesor asociado y doctor en Historia romana, además de investigador del laboratorio HiSoMA y docente de secundaria, aplica su amplio conocimiento de la historia y cultura romanas para dar vida a cada aspecto de la narración. El autor nos guía a través de este viaje, desvelando con gran detalle los aspectos más íntimos de la vida en Roma. A través de los ojos de Aniceto, el libro nos acerca a la realidad cotidiana de Roma, explorando sus creencias, temores, estilo de vida, placeres, libertades y opresiones. La obra no solo relata eventos históricos, sino que proporciona una visión profunda de lo que significaba vivir durante el reinado de Nerón. La capacidad de Tilloi-d'Ambrosi para entrelazar los acontecimientos históricos con la cotidianidad de los romanos hace de “24 horas en la Roma de Nerón” una lectura esencial para quienes aman la historia antigua, y en especial, la del Imperio Romano.

Este libro destaca por su habilidad para revivir la antigua Roma, haciéndola palpable y significativa para el lector moderno. Va más allá de ser una simple obra histórica; es un viaje apasionante y enriquecedor al corazón de una de las civilizaciones más intrigantes de la humanidad. “24 horas en la Roma de Nerón” es, indudablemente, una valiosa y fascinante contribución a la literatura histórica, ofreciendo una visión única y profunda de un día en la vida de la antigua Roma.

lunes, 26 de mayo de 2025

CABEZA DE VACA. EL ÚLTIMO CABALLERO

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La novela definitiva del descendiente directo de los viejos Caballeros de la Reconquista, la vida de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, es sin duda la más completa y fascinante de cuantos crearon el Imperio Español.

Desde hace décadas estamos redescubriendo nuestra historia. Se trata de un fantástico fenómeno cultural que comienza a exceder con creces nuestras fronteras, acabando con la falsa Leyenda Negra, pero sobre todo poniendo en valor aquellas virtudes y principios que hicieron grande a España, y con los que sin duda contribuimos de forma decisiva a dar forma a buena parte de lo que ha sido la Civilización Occidental.

Sin embargo todavía nos quedan grandes personajes y gestas por descubrir, como Álvar Núñez Cabeza de Vaca, sin duda el personaje más completo de esa época: luchó con los Tercios en Nápoles, en la Guerra de los Comuneros a favor de Calos I; reconquistó Pamplona a los franceses; descubrió todo el sur de los actuales EEUU, desde Florida a la California, a píe, sin armas y con tan sólo tres hombres más, ganándose el respeto y admiración de todas las tribus indias. 

Finalmente, consiguió volver a España, donde escribió y editó todos sus descubrimientos, volvió a América, donde descubrió buena parte de lo que hoy día es el continente sudamericano, fue Virrey del Río de la Plata (Sur de Brasil, Paraguay, Uruguay, norte de Argentina), fue injustamente procesado y después absuelto por su defensa de los indígenas, y finalmente entregó su vida a Dios en un convento de Sevilla.

Álvar Núñez Cabeza de Vaca fue el último caballero de una época que pasó, pero su vida es un ejemplo para que cada uno de nosotros seamos los primeros caballeros de la nueva España y la nueva Civilización Occidental que necesariamente habrán de resurgir tras estos tibios tiempos de confusión.

LA BELLA SEÑORA SEINDENMAN

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En la Varsovia ocupada de 1943 todavía hay quien es capaz de arriesgar su vida por salvar a una mujer.

Durante la ocupación nazi de Varsovia, en la primavera de 1943, Irma Seidenman, una joven viuda, intenta eludir el lóbrego destino de los ciudadanos judíos de la ciudad. A su favor tiene dos atributos cruciales que le pueden salvar la vida: unos ojos azules y el pelo rubio, lo que le permitirá, con la ayuda de la correspondiente documentación falsa, hacerse pasar por la viuda de un militar polaco y escapar del gueto hasta el día que un viejo conocido la descubre y acaba en las oficinas de la Gestapo. 

La bella señora Seidenman es la historia de las trepidantes 36 horas que se suceden tras el arresto de Irma y la constelación de personas y eventos que contribuyen a su rescate.

Está novela es de las que no se olvidan, transcurre en la época de la ocupación nazi de Polonia, ya se pueden imaginar de qué va. El título que tiene en otros países es "Comienzo" y, aunque menos atractivo, quizás sería más acertado, porque la bella señora Seidenman es uno de los personajes que aparecen. No hay un protagonista al uso, hay varios, no muchos, pero que desnudan sus pensamientos. Algo que me ha llamado la atención en esta novela es que habla de estos personajes no sólo en la época en la que están viviendo, sino también, de los que sobreviven, cuenta como será su vejez.

El libro es muy bueno por dos razones: 1.- Siempre se puede ver las motivaciones que tienen los personajes, cuales son sus límites, que es lo que piensan en lo más profundo de su ser. 

2.- Se suele hacer una reflexión entre el pasado, presente y futuro de los personajes. Estos dos rasgos me parecen importante porque es lo que nos faltaría a las personas. Saber cual son las motivaciones de los demás y cuál será nuestro futuro.

domingo, 25 de mayo de 2025

LADRONES EN LA NOCHE. CRÓNICA DE UN EXPERIMENTO

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Arthur Koestler cuenta una historia de resolución y acción política dentro de una realidad que aborda la pobreza, las sombras del exterminio nazi, la interacción con la población árabe local y los inevitables conflictos entre el liberalismo, la supervivencia y los intereses personales y comunes. 

A partir de descripciones sobre el tedioso trabajo y el sacrificio de la individualidad de la vida en los kibutz, junto con las dificultades de la vida cotidiana, Koestler utiliza sus propias vivencias para establecer un escenario que expone los orígenes del conflicto entre el pueblo árabe y judío en una tierra gobernada por los británicos

Ladrones en la noche, como los bautiza Koestler, fueron aquellos judíos que escaparon de la Europa antisemita antes de que fuera demasiado tarde y encontraron un refugio en la Palestina bajo mandato británico para luego darse la vuelta y despojar de sus tierras a los árabes y levantar sus torres por la mañana. 

Es admirable la exploración que hace Koestler a partir de su mentalidad, política, filosofía y religión para describir la interacción de los protagonistas, sus aspiraciones, desgracias y limitadas alegrías. A pesar de ser una novela, escrita desde una perspectiva histórica, es una obra llena de ideas transformadoras sobre la psicología, el sionismo, el socialismo, la sexualidad, la guerra, la paz, la vida y la muerte

BERENGUELA

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Berenguela la Grande fue reina de Castilla un único día antes de abdicar en su hijo Fernando III el Santo. Hija de Alfonso VIII, el vencedor de las Navas de Tolosa, y madre del conquistador de Andalucía. 

Así ha pasado a la historia, pero en la realidad fue la hacedora que consiguió la unión definitiva de Castilla y León, la cogobernante durante treinta años de estos dos reinos y la encargada de suministrar hombres y dinero a su hijo mientras este tomaba Córdoba y, en la práctica, expulsaba a los musulmanes de la península.

Su rol en un momento crucial hace de ella la reina más importante de España después de Isabel la Católica. ¿Cómo es posible entonces que apenas la conozcamos?  

¿Por qué ha quedado relegada en la historia en favor de su padre y de su hijo?

Nacida en 1179​ o en 1180, en el Alcázar de Segovia, Berenguela era la hija primogénita del rey castellano Alfonso VIII y de su esposa, Leonor Plantagenet, bisnieta de otra Berenguela, la esposa de Alfonso VII de León. Por línea materna era nieta de Enrique II de Inglaterra y de otra importante mujer de la época, Leonor de Aquitania.

Durante los primeros años de su vida, Berenguela fue la heredera nominal al trono castellano, pues los infantes nacidos posteriormente no habían sobrevivido; esto la convertía en un partido muy deseado en toda Europa.

En 1187 se acordó el primer compromiso matrimonial de Berenguela con Conrado, duque de Rothenburg y quinto hijo del emperador Federico I Barbarroja.​ Al año siguiente en Seligenstadt, se firmó el contrato matrimonial, incluyendo una dote de 42 000 maravedíes,7​ tras lo cual Conrado marchó a Castilla, donde se celebraron los esponsales en Carrión de los Condes, en junio de 1188.​ El 29 de noviembre de 1189 nació el infante Fernando, hermano menor de Berenguela que al ser varón, fue designado nuevo heredero al trono en su perjuicio. El emperador Federico, viendo frustradas sus aspiraciones en Castilla, perdió todo interés en mantener el compromiso de su hijo y los esponsales fueron cancelados​ a pesar de la dote de 42 000 áureos de la infanta. Conrado y Berenguela jamás volverían a verse. 

Seguramente influida por su abuela Leonor de Aquitania, a quien no interesaba tener un Hohenstaufen como vecino en sus dominios franceses, Berenguela solicitó al Papa la anulación del compromiso. Estos temores se demostrarían sin fundamento y la acción emprendida carente de objeto cuando en 1196 el duque fue asesinado.

En 1197 Berenguela se casó en Valladolid con Alfonso IX, rey de León y su pariente en tercer grado. De este matrimonio nacieron cinco hijos.​ En 1204, el Papa Inocencio III anuló el matrimonio alegando el parentesco de los cónyuges,​ a pesar de la dispensa concedida en su día por Celestino III. Al ser la segunda anulación para Alfonso, ambos esposos solicitaron vehementemente una nueva dispensa para permanecer juntos. Pero Inocencio III, uno de los pontífices más duros en cuestiones matrimoniales, se la denegó, aunque concedió que su descendencia fuese considerada como legítima. Disuelto el vínculo matrimonial, Berenguela regresó a Castilla al lado de sus padres, donde compatibilizaría el cuidado de sus hijos con la regencia del reino y llegaría a ejercer de consejera durante el reinado de Fernando III.

Al morir Alfonso VIII en 1214, debería haber heredado el trono el infante Fernando de Castilla, pero su inesperada muerte en 1211 de una enfermedad repentina, hizo recaer la corona en su hermano Enrique I que tenía solo diez años, lo que abrió un período de regencia, primero bajo su madre Leonor Plantagenet, de veinticuatro días de duración, hasta su muerte; y luego bajo su hermana Berenguela.​ A raíz de los disturbios internos ocasionados por la nobleza, principalmente por la casa de Lara, Berenguela fue obligada a ceder la tutela del rey y la regencia del reino al conde Álvaro Núñez de Lara12​ para evitar conflictos civiles en el reino.

En febrero de 1216, se celebró en Valladolid una curia extraordinaria a la que asistieron magnates castellanos como Lope Díaz de Haro, Gonzalo Rodríguez Girón, Álvaro Díaz de Cameros, Alfonso Téllez de Meneses y otros, que acordaron, con el apoyo de Berenguela, hacer frente común ante Álvaro Núñez de Lara. A finales de mayo de este mismo año, la situación se tornó peligrosa en Castilla para Berenguela, que decidió refugiarse en el castillo de Autillo de Campos​, cuyo tenente era el noble Gonzalo Rodríguez Girón –uno de los fieles a la regente– y enviar a su hijo Fernando, el futuro rey, a la corte de León, con su padre, Alfonso IX. El 15 de agosto de 1216 se reunieron todos los magnates del reino de Castilla para intentar un acuerdo que evitase la guerra civil, pero las desavenencias llevaron a los Girón, los Téllez de Meneses y los Haro a alejarse definitivamente de Núñez de Lara.

El 6 de junio de 1217 falleció Enrique I después de recibir una herida en la cabeza por una teja que se desprendió accidentalmente cuando se encontraba jugando con otros niños en el palacio del obispo de Palencia, quien en esas fechas era Tello Téllez de Meneses.​ El conde Álvaro Núñez de Lara se llevó el cadáver del rey al castillo de Tariego para ocultar su muerte, aunque no pudo evitar que la noticia llegara a Berenguela.La inesperada muerte de Enrique suponía que pasaba a ella el trono de Castilla por lo que el 2 de julio lo cedería a su hijo Fernando III en el que así venían a converger la legitimidad sucesoria de los reinos de Castilla por su madre y de León por su padre.

Pese a que no quiso ser reina, Berenguela estuvo siempre al lado de su hijo, asesorándolo como consejera e interviniendo en la política de la corona de esta forma indirecta.

Destacó su mediación en 1218 cuando la intrigante familia nobiliaria de los Lara con el antiguo regente, Álvaro Núñez de Lara, a la cabeza conspiró para que el padre de Fernando III y rey de León, Alfonso IX, penetrara en Castilla para hacerse con el trono de su hijo. El fallecimiento del conde de Lara facilitó que la intervención de Berenguela, posibilitara que el 26 de agosto de 1218 padre e hijo firmaran el pacto de Toro que pondría fin a los enfrentamientos castellano-leoneses.

Concertó el matrimonio de su hijo con la princesa Beatriz de Suabia, hija del duque Felipe de Suabia, y nieta de dos emperadores: Federico Barbarroja e Isaac II Ángelo. Este matrimonio con una familia tan importante elevaba la alcurnia de los reyes de Castilla y abría la puerta para que Fernando participase en los asuntos europeos de forma activa. El matrimonio se celebró el 30 de noviembre de 1219 en la catedral de Burgos.

En 1222, Berenguela intervino nuevamente a favor de Fernando III, al conseguir la firma del Convenio de Zafra que puso fin al enfrentamiento con los Lara al concertar el matrimonio de su hijo y hermano del rey el infante Alfonso con Mafalda González de Lara, hija y heredera del señor de Molina, Gonzalo Pérez Manrique.

En 1224 concertó el matrimonio de su hija la infanta Berenguela con Juan de Brienne18​ una maniobra con la que acercaba a Fernando III el trono leonés, ya que Juan de Brienne era el candidato de Alfonso IX para el matrimonio con una de sus hijas. Al adelantarse, Berenguela evitaba que ese eventual marido pudiera reclamar el trono leonés en perjuicio de Fernando.

Pero quizás la intervención más decisiva de Berenguela se produjo en 1230 cuando supo que al fallecer, Alfonso IX había designado como herederas al trono de León a sus hijas Sancha y Dulce, frutos de su primer matrimonio con Teresa de Portugal, en detrimento de los derechos de Fernando III. Berenguela se reunió en Benavente con la madre de las infantas y consiguió la firma de la Concordia de Benavente, por la que renunciaban al trono a cambio de una sustanciosa cantidad de dinero y otras ventajas. De este modo, se unirían definitivamente los reinos de Castilla y de León en la persona de Fernando III el Santo, lo que supuso el surgimiento de la Corona de Castilla.

Tras la muerte de Beatriz de Suabia, aunque habían tenido suficiente descendencia, intervendrá en el segundo matrimonio de Fernando III, «con el fin de que la virtud del rey no se menoscabase con relaciones ilícitas». La elegida para la ocasión sería Juana de Danmartín, noble francesa candidata de su hermana Blanca de Castilla, tía del rey y reina de Francia por su matrimonio con Luis VIII.

Berenguela ejerció como una auténtica reina mientras su hijo Fernando se encontraba en el sur, en sus largas campañas de reconquista de Al-Ándalus. Gobernó Castilla y León con la habilidad que siempre la caracterizó, asegurándole el tener las espaldas bien cubiertas. Se entrevistó por última vez con su hijo en Pozuelo de Calatrava en 1245, tras lo cual volvió a Castilla donde falleció al año siguiente.

Se la retrata como a una mujer virtuosa por los cronistas de la época. Fue protectora de monasterios y supervisó personalmente las obras de las catedrales de Burgos y Toledo. Del mismo modo, también se preocupó de la literatura, encargando al cronista Lucas de Tuy una crónica sobre los reyes de Castilla y León, siendo asimismo mencionada en las obras de Rodrigo Jiménez de Rada.

sábado, 24 de mayo de 2025

LOS ALPINISTAS DE STALIN

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Esta es la historia nunca antes contada de los hermanos Abalákov, dos alpinistas que trabajaban para la gloria del régimen soviético y que fueron víctimas de las purgas stalinistas.

Vitali y Yevgueni eran dos huérfanos siberianos que disfrutaban de la escalada antes de hacerse alpinistas expertos. Realizaron muchas expediciones entre el Cáucaso y Asia Central que culminaron en los años 30 con sus subidas a los impresionantes picos de Stalin y Lenin. 

En una cultura en la que el alpinismo estaba dictado por la ideología de un nuevo mundo, a través de la conquista de nuevos territorios y la guerra, Vitali Abalákov todavía fue víctima del Gran Terror y las purgas de 1938. Finalmente fue liberado. A pesar de haber perdido varios dedos en una tormenta de nieve a gran altitud, volvió al alpinismo y consiguió otra vez, dirigiéndose Spartak, retornar al más alto nivel. Su hermano Yevgueni murió en 1948 cuando se disponía a subir al Everest.

Quienes han oído alguna vez de los hermanos Abalákov conocen la historia oficial, pero no saben nada del encarcelamiento de Vitali en época de Stalin y el gran terror. La pronta muerte de los padres obligó a los dos hermanos a criarse en la ciudad de Kanoyarsk, dividida por el río Yeniséi, en la zona sur de Siberia, junto a su tío Iván Abalákov. Los Abalákov fueron considerados enemigos irreconocibles del pueblo por representar todo aquello que los bolcheviques querían erradicar de la extensa Rusia. Su tío era un próspero comerciante admirador del zar, casado con una mujer versada en la ortodoxia. Una noche de eterno invierno siberiano, unos policías del pueblo llamaron a la puerta. La familia Abalákov cenaba despreocupada pero en guardia por los sucesos revolucionarios que acontecían en el país desde 1917. Unos porrazos en la puerta les despertó de su ensoñación. Con la brusca entrada de los soldados, la familia Abalákov inició su andadura por lo que para algunos fue la pesadilla comunista.

Su tío permaneció un tiempo más en activo pues la URSS se encontraba en plena efervescencia y no era propicio desperdiciar el talento. “Le ocurrió a mucha gente. Sus antiguos privilegios sociales no les sirvieron de nada; los bolcheviques querían revertir el sistema, poco podían haber hecho los dos hermanos para que todo volviera al cauce previo”. 

Los jóvenes se decantaron por la montaña y las alturas. Los conocimientos sobre alpinismo llegaban importados desde Alemania y Austria por alpinistas simpatizantes con el comunismo que veían en los picos del Cáucaso y Asía central un reto mucho mayor que las montañas de sus respectivos países. “Los hermanos Abalákov aprovecharon todo este conocimiento que llegaba del extranjero, y perfeccionaron la propia técnica soviética”, aclara Gras.

“Antes de la Segunda Guerra Mundial, el alpinismo debía servir a la URSS en su meta de construir el comunismo; no se escalaba por placer”. Por eso, en las expediciones, los hermanos Abalákov iban acompañados de toda clase de científicos, desde ingenieros a geólogos, para que reconocieran el terreno y fueran capaces de sacar a la montaña el mayor provecho posible. Sin embargo, la guerra cambió esta mentalidad. Los combates en los grandes picos se caracterizaron por su crudeza, los soldados debían saber escalar y disparar al mismo tiempo, muy poco se conoce de esta parte de la historia bélica de la Segunda Guerra Mundial tan importante para la victoria de los soviéticos, que supieron poner a su favor las inclemencias del tiempo y las imperfecciones rocosas para derrotar a los invasores.

“Tras la gran guerra, el alpinismo se convierte en un deporte, deja de ser algo de gente solitaria y se transforma en un alpinismo grupal y burocrático, ya que se debían pedir permisos, además debías demostrar tu nivel de conocimientos sobre la materia”, comenta Gras.

El primer gran fracaso de los hermanos Abalákov se produjo escalando el Khan Tengri, situado en la cordillera Tian Shan, en la frontera entre China, Kazajistán y Kirguistán. Esta subida causó la muerte de un miembro de la expedición y le costó a Vitali cuatro falanges de sus manos, ya inservibles cuando lograron llegar al campamento. “El alpinismo útil es el causante de este desastre. Se les obligó a trabajar con geólogos, gente sin ninguna preparación previa en montañas de 7000 metros, y en septiembre. Por norma general y para evitar accidentes mayores, las montañas se suben en julio, en septiembre ya hacía un frío de pleno invierno en esas regiones del planeta”.

El desastre de Khan Tegri supuso un duro golpe para los hermanos, especialmente para Vitali, que abandonó la montaña y aplicó sus conocimientos de ingeniería química en la fabricación de prótesis que mejoraron la situación de aquellos a quienes, como él, la montaña había arrebatado algún miembro. Justamente, en la fábrica se encontraba cuando agentes de la NKVD lo arrestaron. Corría el año 1937, encuadrado históricamente en la época del gran terror y las grandes purgas estalinistas; un compañero de alturas le acusó de reaccionario y espía del capital, es decir, un traidor a la causa del pueblo en toda regla. Vitali fue sometido a todas las torturas del momento, hasta que su cuerpo no pudo soportarlo más y, según afirma el autor del libro, aceptó la falsa declaración de culpabilidad previamente pergeñada por los agentes de la NKVD: “En la época de las purgas estalinistas, ser una persona reconocida como los hermanos Abalákov era muy peligroso. Desconozco por qué Vitali fue encarcelado y su hermano Yevgueni, no; es curioso que no pidieran a Vitali que inculpara a su hermano”.

Mientras Vitali sufría en Lubianka, su hermano continuó con su pasión en el Cáucaso, pues ese año no hubo grandes expediciones a los países de Asia central. “Aunque Yevgueni siguió escalando, muchos alpinistas, entre ellos su hermano, fueron arrestados por los servicios secretos; no tengo estadísticas exactas, pero la cifra de ajusticiados debió de estar en torno al 40-50%”.

Once años después del encarcelamiento de Vitali, en 1948, Yevgueni apareció muerto en el baño de la casa del doctor Belikov. Según certificó el atestado, la muerte del pequeño de los hermanos se debió a una mezcla de alcohol y monóxido de carbono. Abalákov, supuestamente, había ingerido cantidades altas de vino. Quiso darse un baño y en el momento de activar el agua caliente, el calentador empezó a emitir monóxido de carbono. Sin embargo, ni su viuda ni su hijo creyeron esta versión, y defendieron hasta el día de sus respectivas muertes que Yevgueni Abalákov fue asesinado. “Estoy seguro de que no fue así, aunque su hijo defendió la versión del asesinato. Esta paranoia es entendible, la NKVD asesinaba sin dejar rastro; además, a los rusos les gusta mucho las historias de crímenes y complots”, asegura Cédric Gras que ha tenido acceso a los atestados que se hicieron en esa época y los testimonios de personas cercanas al muerto.

La muerte de Yevgueni fue un duro golpe para el alpinismo soviético, él era el gran héroe de las montañas, había entre los alpinistas una sensación de orfandad que el hermano mayor tuvo que suplir con su fervor comunista y su ingenio. Vitali escaló alguna que otra montaña más, preparó a futuros escaladores en campamentos y continuó diseñando artilugios y escribiendo manuales de escalada, que conformaron su canon del escalador soviético.

Pero hubo una montaña que ofreció resistencia a los hermanos: el legendario Everest. Hasta el 4 de mayo de 1982 los soviéticos no lo lograron conquistar. “En los años 60, se produjo el divorcio del comunismo sino-soviético. El paso del norte quedó vedado para los alpinistas soviéticos; tenían que pedir permiso a Nepal, pero la burocracia era muy lenta, y mientras esto ocurría los soviéticos perdieron interés por el alpinismo como disciplina. Además, el Everest estaba muy solicitado y otros escaladores de otras nacionalidades ya lo habían conquistado.” Sin embargo, los escaladores soviéticos que lograron ese hito fueron recibidos en la URSS como auténticos héroes. En la comitiva que los recibió, se encontraba un Vitali ya mayor pero robusto. Murió cuatro años después a la edad de 80 años, con el gusto de saber que al menos entre ese pequeño grupo marginado de alpinistas, sus proezas y sus inventos habían contribuido en el esfuerzo soviético de tocar el techo del cielo.

LA HISTORIA DE LA MUJER EN 100 OBJETOS

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La herencia de las mujeres resulta tan rica, tan diversa y aún hoy día tan desconocida que desborda la manera convencional de contarla. Al igual que las mujeres han encontrado huecos para sobrevivir o imponerse, para escribir o pintar, para llegar a la educación o al poder, para que el dolor disminuyera o el trabajo resultara más liviano, es preciso que la historia que las estudia recurra a miradas y a formatos nuevos.

Ese es el espíritu que anima este libro: acercarnos a la historia femenina desde una perspectiva distinta, guiados por 100 objetos que tuvieron a las mujeres como protagonistas, destinatarias o inventoras. Desde el pintalabios, la Barbie, el búcaro de barro, la mantilla o la vacuna de la viruela.

Espido Freire nos muestra la astucia de nuestras antepasadas para dar respuesta a sus necesidades en una sociedad que las consideraba una prioridad menor, y rescata un universo condenado al silencio por los historiadores tradicionales.

Libro interesante sobre 100 objetos o sucesos de la historia de la mujer.De fácil lectura ya que sus capítulos son de dos paginas y media . Como siempre un placer leer a Espido. El contenido del libro es muy, pero que muy simple, no es un libro de consulta ni tampoco ofrece una gran información sobre cada uno de los objetos que aparece, pero supongo que si estás aquí eso ya lo sabes.

Todo ello no quita que el libro esté bien hecho, sea gracioso y tenga alguna información que pueda sorprenderte.

 

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