La novela se desarrolla durante el último año de guerra y gira en torno a tres personajes: una enfermera, Schwester Helga; una joven francesa, Renée, embarazada de un soldado alemán; y Marek, un prisionero polaco judío que trabaja en los alrededores.
Cada capítulo corresponde a uno de los tres personajes, que se entrecruzan descubriendo destellos de humanidad en la desesperación. Algunas embarazadas, esposas de soldados, muestran el orgullo y la prepotencia que les confiere su estatus; otras, como Renée, son madres solteras, extranjeras y repudiadas en su país. La enfermera, por su lado, cumple órdenes, pero duda si está haciendo el bien o solo está en el lado adecuado. Y, por último, Marek sueña con su familia y sobrevive al sufrimiento.
La autora describe con prosa tranquila y trabajada el ambiente del Heim, donde es posible encontrar rasgos de profunda humanidad a pesar del dominio de la ideología nazi, con su paganismo, como en la ceremonia de la imposición del nombre; su exaltación de la raza aria; las leyes eugenésicas; y la adoración al líder como señales de una sociedad muy enferma.
Baviera, 1944. Los rumores de la guerra apenas llegan a la primera maternidad nazi, la Heim Hochland, creada por Heinrich Himmler en 1936 como parte del programa llamado Lebensborn. En ese idílico lugar, se hace todo lo posible para ofrecer un ambiente armonioso a los hijos recién nacidos de miembros de las SS y a sus madres. Allí trabaja Helga, una enfermera modélica y entregada, que cuida de mujeres embarazadas y bebés, pero que asiste a situaciones que harán tambalearse sus certezas. Y allí llega, para dar a luz, la joven Renée, una francesa repudiada por su familia tras haberse enamorado de un alemán durante la Ocupación de París. Mientras reconstruye este inquietante gineceo en su realidad histórica, Los niños de Himmler ofrece una inmersión en la cotidianidad de un lugar concebido para desarrollar y «depurar» la raza aria, y criar a los futuros «señores de la guerra».

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