Conseguía vivir en la pantalla un mundo mucho mayor e intenso que el nuestro y con la sinceridad de su mirada nos hacía creer que era uno de nosotros. Interpretó cientos de papeles, tan diferentes como lo eran su propia vida, al mismo tiempo que luchaba por encontrar el amor y encajaba los golpes que la vida le daba. Como una superviviente nata, se recuperó una y otra vez, reconociendo que en la vida había tenido de todo: suerte, dolor, momentos de alegría, malos ratos, bajando y subiendo en la línea de la existencia como si fuera un yo-yo, aunque sacando de cada experiencia algo positivo que la ayudase a ser feliz.
Ella nunca quiso escoger el camino fácil de la queja, del rencor y del deseo de devolver el daño que la habían causado. Muy al contrario, empleaba positivamente cada revés del destino, lo asimilaba, y lo convertía en algo positivo, en una experiencia gratuita de la cual sacaba cosas muy clarificantes para su futuro. Lo importante, decía, era enfocar las contrariedades positivamente, como si fueran algo que te va a fortalecer, en lugar de a quebrar.

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