Siendo una mujer de buena cuna, luchó contra la invasión de las fuerzas norteamericanas, sin arma alguna y acompañada tan sólo por mujeres y niños pequeños, la señorita Elisa Griensen Zambrano pasa a ocupar un lugar destacado en la historiografía chihuahuense, por su valentía y arrojo ante la presencia del enemigo.
La verdadera historia de esta acción cívica ejemplar, realizada por una dama que puso un ejemplo de valentía y arrojo ante la pasividad y permisividad de las autoridades locales de aquella época ante los invasores, ha sido publicada en el libro “Elisa Griensen Zambrano. El heroísmo de una mujer y el Villismo desafiaron al ejército estadounidense”, del escritor Armando Camacho Griensen.
Habiendo ingresado tropas norteamericanas al estado de Chihuahua en busca del general Francisco Villa, quien recién había atacado la ciudad de Columbus, Texas (siendo el primer extranjero en lograr tal hazaña de atacar a los estadounidenses en su propio territorio), los pobladores de Hidalgo del Parral, Chihuahua, encabezados por la señorita Elisa Griensen Zambrano lograron arrojar de su territorio a los invasores.
Primero fueron unas piedras en manos de un puñado de niños, después fueron mujeres las que a palos y tomatazos arremetieron contra los soldados norteamericanos, quienes después de los primeros tiros de pistola y de máuser, emprendieron la precipitada huida, seguidos ya de una muchedumbre de parralenses.
Pancho Villa atacó Columbus el 9 de marzo de 1916, en protesta por que el gobierno de Estados Unidos reconoció a Venustiano Carranza como presidente de México. El 15 de marzo Pershing ingresó en territorio nacional con un contingente de soldados, en busca de quien entonces era considerado un asesino y bandolero.
En 1916 Elisa Griensen Zambrano tenía 28 años y estudiaba en Estados Unidos. En abril de ese año fue de vacaciones a su ciudad natal, donde encontró a las tropas invasoras. Indignada, se dirigió al presidente municipal, José de la Luz Herrera, para reclamarle su pasividad.
Ante la indiferencia de Herrera –cuenta Camacho Griensen–, Elisa se introdujo a la Escuela 99, se dirigió al grupo de quinto año y motivó a los 24 alumnos a seguirla para defender la soberanía nacional. Se le escuchó decir: “He buscado ayuda y no me han secundado; sin embargo… alguien tiene que hacer algo”.
Gritando vivas a Villa, el contingente de jóvenes armados con piedras –seguidos por cada vez más gente– atacó a los militares estadunidenses, con un saldo de dos solados muertos y dos heridos.

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