Fue una entrevista que se mantuvo totalmente en privado y en la que, al parecer, se habló en francés, única lengua común a ambos interlocutores. El arzobispo murió repentinamente en brazos del papa, que le dio la absolución. Tras el suceso, Juan Pablo I declaró: “Jamás escuché palabras tan hermosas sobre la Iglesia.
No puedo repetirlas porque constituyen un secreto”.
La relación entre los dos fallecidos parece haber escapado extrañamente tanto a los periodistas como a los historiadores, lo cual no les ha impedido emitir una serie de hipótesis sobre la muerte del papa.
En algunas de ellas se formulaban acusaciones injustificadas; en otras, se escamoteaban hechos turbadores. El cometido del novelista es diferente, pues consiste más en imaginar lo probable que en descubrir lo desconocido».
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