Así que cuando -en un viaje a San Francisco en busca de cerrar un contrato con un autor ermitaño al que quiere convencer para representar- lo pierde, el mundo se derrumba a su alrededor. Rápidamente se hace con un teléfono de sustitución y empieza a recibir mensajes de texto claramente dirigidos al antiguo propietario de su nuevo número, una mujer, Aimee, que parece muy querida por los mensajes que recibe.
A partir de una serie de malentendidos y una curiosidad malsana, Frankie acaba conociendo a la familia de Aimee, entrando en su mundo y comprendiendo la razón de esos cariñosos pero extraños mensajes...
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