»Somos muchos. Tenemos hambre. Estamos en todas partes. A la humanidad no le va a alcanzar el tiempo para comenzar a entendernos. Somos bestias».
Juega Gabriela con su monstruosa rayuela en las arenas límbicas de su literatura fascinante. Discípula aventajada de Edgar Alan Poe, de Howard Phillips Lovecraft, de Robert Louis Stevenson, de Patrick Süskind, de Stephen King, del Conde de Lautréamont, y de una considerable porción de la literatura de terror, pero también de Jorge Luis Borges, y de su abuelo, el historiador, ensayista, periodista y diplomático, el gran americanista y visionario de nuestros tiempos, Germán Arciniegas, Gabriela nos entrega con Bestias, su primer libro de relatos, un boleto a bordo en el tren de sus imaginerías, poblado de descabelladas criaturas, de la desmesura y la indefensión de las mismas, en un mundo donde las verdaderas bestias, a la otra orilla de la ficción, están detrás del monumental escritorio de un plenipotenciario financiero, encabezando la mesa de juntas de un laboratorio farmacéutico, en el púlpito supremo de una dictadura roja en una república del Caribe, o en las antípodas, en el Medio Oriente, al frente de un ejército de niños con fusiles Kaláshnikov al hombro, impartiendo instrucciones para volarse en pedazos en nombre de Alá.
Pero las Bestias de Gabriela no son tan pusilánimes como las del planeta esquizofrénico y virtualizado que hoy nos acoge.
uena la alarma, la mente aún no está lista pero no hay nada que hacer; el día debe comenzar. Los párpados se obstinan en abrirse, el aliento nauseabundo nos pide un rato más entre las cobijas, pero es hora de una ducha y de obligarnos a empezar el día antes de lo deseado. Salimos afanados a ponernos prendas que usualmente no usaríamos, a someternos ante una corbata o colgarnos en tacones (según sea el caso), a disfrazarnos para luego succionar un desayuno sin disfrutarlo, lavarnos los dientes en 15 segundos, y salir corriendo a embutirnos en calles colapsadas y repletas de otras miles de personas que como nosotros, han empezado su día de la misma manera.
Luego de eso nos sentamos ocho horas (si bien nos va), con un ínfimo tiempo de almuerzo, frente a un computador para hacer algo que en muchos casos no nos llena, no nos hace felices, pero que si nos absorbe y nos drena la existencia con cada segundo que pasa. Aguantamos los gritos absurdos de nuestros jefes, las idioteces y banalidades de nuestros compañeros de oficina, para luego de una extenuante jornada, salir a embutirnos nuevamente en calles, absortos de nosotros mismos y despreocupados de los demás. Llegamos a casa y no saludamos a nadie, nos tiramos al sofá, encendemos el televisor para ver la misma mierda de siempre, miles de muertos que poco nos importan, niños muriendo de hambre los cuales no sentimos, robos e injusticias que nos pasan como la vida misma. Somos uno más del montón, somos seres sin razón. Somos bestias.
Este libro esta compuesto por 11 historias que nos presentan personajes monstruosos, irreales, despreciables, encantadores, por muchos momentos fascinantes, y por otros aterradores. Personajes como ustedes o como yo, que en medio de un mundo sin rumbo se encaminan día a día por situaciones tan comunes como inusitadas, sedientos de un trago de vida, hambrientos de algo más.
En medio de sus escasas 128 páginas, "Bestias" descubre el innegable talento y la iluminada mente de Gabriela Arciniégas, una autora con cierto bagaje en el oscuro mundo de la literatura, y que seguramente mucho conocen por sus "13 relatos infernales", pero que para mi era totalmente desconocida. De igual modo nos enseña el exuberante y experimental talento Rafael Díaz, quien es el encargado de dar un toque de vida a las 11 bestias que se pasean entre cada una de las historias.
Esclavitud, experimentación, seres asquerosos y vanguardistas, cucarachas encantadoras, rebeliones inesperadas, mutaciones y deseos sorprendentes hacen parte de lo que nos propone la autora, qué con una prosa elaborada y envidiable, nos regala una lectura sencilla e inquietante. En medio del terror y la fantasía que baña este libro, Gabriela pone al lector a reflexionar sobre sí mismo, sobre su cotidianidad, sobre que tan alejado está de hacer de la ficción su propia realidad, sobre si en realidad tenemos la vida que queremos, o si simplemente estamos viendo el reloj girar

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