La mafia siciliana asestaba su golpe más letal, pero sus víctimas dejaban un imborrable legado de heroísmo cívico en un país acostumbrado al terror y la omertà. Giuseppe Ayala, amigo íntimo de Falcone y Borsellino, es uno de los pocos supervivientes de aquellos años sangrientos. Representó a la Fiscalía en el primer maxiproceso contra los capos de Cosa Nostra, interrogando a los «arrepentidos» que revelaron por primera vez los ritos, las reglas y la estructura de una organización hermética.
En estas memorias, Ayala relata la gesta que protagonizó junto a un puñado de policías, jueces y abogados que, sin perder la alegría ni el sentido del humor, sacrificaron su vida para poner fin a décadas de impunidad. Un empeño que no siempre tuvo recompensa, pues pronto se verían envueltos en turbios juegos de poder y descubrirían los oscuros vínculos entre política, negocios y crimen organizado. Quien tiene miedo muere a diario es la crónica íntima y descarnada de una lucha que no ha terminado todavía, un testimonio extraordinario de coraje frente a la corrupción del Estado y el chantaje de las armas.
¿Quién tiene miedo muere a diario? Este libro es un grito de conciencia. Giuseppe Ayala, juez y amigo entrañable de Giovanni Falcone y Paolo Borsellino, escribe como el hijo que queda vivo tras el exterminio de una generación de jueces antimafia en Italia. Con dolor, humor y una lucidez brutal, cuenta cómo el Estado dejó solos a sus mejores hombres, y cómo la justicia se hace o se traiciona cada día. Este libro es una herida abierta y una lección de dignidad.
Ayala no se esconde. Desde la trinchera del juicio, el escaño parlamentario y la soledad del sobreviviente, lanza una verdad que incomoda: a los héroes no los mata solo la mafia, los mata también la indiferencia institucional. Su testimonio es un acto de amor a la memoria, una defensa del método Falcone —racional, legal, implacable— y una advertencia a quienes hoy creemos que la justicia es automática. La justicia necesita a quienes se juegan la vida por ella. Y necesita, también, que los demás no seamos cobardes.
Leer este libro es asumir una deuda con la historia. Nos invita a preguntarnos qué estamos haciendo nosotros frente al poder, la impunidad y el olvido. ¿De qué lado estamos cuando los valientes son asesinados y los cómplices son aplaudidos? ¿Estamos del lado de quienes, como Ayala, honran a sus muertos con palabras, memoria y lucha? Este libro enseña que la memoria no es nostalgia: es un arma. Y que el miedo, cuando se instala en el alma colectiva, mata más que las bombas. Por eso hay que leerlo. Y compartirlo.

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