miércoles, 27 de agosto de 2025

EL FOTÓGRAFO DE AUSCHWITZ

Publicado por Lucky en 17:00

Basada en la impactante historia de Wilhelm Brasse, el prisionero 3444 que fotografió las atrocidades del Holocausto

Cuando en 1939 los nazis invadieron su natal Polonia, le exigieron a Wilhelm Brasse jurar lealtad a Hitler y unirse a la Wehrmacht. Él se negó a convertirse en cómplice de los alemanes y fue enviado a Auschwitz como prisionero político. 

Por ser un fotógrafo profesional, las SS decidieron utilizarlo y le ordenaron registrar a través de su lente el funcionamiento interno del campo: inició tomando las fotografías de identificación de los prisioneros cuando ingresaban, luego documentando los atroces experimentos médicos de Josef Mengele, y finalmente fue forzado a capturar el horror de las cámaras de gas.

Entre 1940 y 1945, Brasse tomó alrededor de cincuenta mil fotografías. Su coraje y valor le impidieron quedarse quieto detrás de su cámara y decidió unirse al movimiento de resistencia del campo a pesar de que ponía en riesgo su vida: falsificó documentos para los prisioneros y trató de hacer llegar al mundo exterior imágenes que denunciaran los crímenes que estaban ocurriendo.


Wilhelm Brasse fue un fotógrafo polaco clave para conservar la memoria de las personas que murieron en el campo de concentración de Auschwitz. Brasse, hijo de padre austriaco, fue enviado al campo por negarse a apoyar a los nazis. Sin embargo, su “sangre aria” hizo que la experiencia de Brasse fuera menos inhumana, por decirlo de alguna forma, en comparación a las personas judías y a los presos políticos que eran enviados al “lager”.


Mientras el polaco estuvo privado de su libertad, las autoridades de Auschwitz le asignaron un trabajo: tomar fotografías de los prisioneros y algunos otros favores. A Brasse se le consiguió el equipo suficiente, no el ideal, para armar un estudio fotográfico, así como un equipo de prisioneros para auxiliarlo. En ese espacio, Brasse hizo lo posible para retratar con dignidad a las personas que estaban condenadas a las cámaras de gas.


Los autores comenzaron su investigación. Había pocas fuentes, pero encontraron una que fue clave para la redacción del libro, que era una entrevista de una hora para un canal de televisión polaco. Ahí Brasse platicó con detalle su experiencia dentro de Auschwitz. Después de esto fueron encontrando otras fuentes, como los hijos de Brasse, a quienes localizaron con apoyo del consulado polaco en Italia.


También encontraron un libro que recogía el testimonio directamente de Brasse. Los hijos nos contaron que en sus últimos años Brasse iba a las escuelas para compartir su testimonio a los jóvenes estudiantes. Ahí enseñaba sus fotos y las explicaba. En Polonia pudimos recoger estas historias que compartía.


Sobre cómo es escribir una novela sobre la vida de una persona que sí existió, Crippa explica que la realidad parte de los testimonios que dejó Brasse, pero que también hay uso de la fantasía:


“Las escenas y los diálogos los desarrollamos contando la historia, la fantasía entra aquí para traducir la historia y encomendarla a la voz de los protagonistas. Sí hay un riesgo de que en lo escrito metamos alguna impresión nuestra, pero escribimos con la coherencia de los hechos”.


Wilhelm Brasse tomó más de 50 mil fotografías dentro del campo de concentración. La vida dentro de Auschwitz y los horrores que presenció propiciaron que Brasse renunciara a la fotografía.


“Brasse pudo haber hecho un trabajo repetitivo al tomar las fotos, pero cuando uno observa las imágenes, se puede ver que hacía lo mejor que podía, se ven con dignidad, se pueden ver las emociones en los rostros. Hizo que estas personas dejaran de ser un número y se conviertieran en humanos, que viven, respiran, tienen miedo y esperaban salir con vida”, comenta Crippa sobre la fotografía de Brasse.


El escritor italiano explica que otro de los objetivos de escribir sobre la vida de Brasse era mostrar el poder que tienen las imágenes y cómo a través de una simple foto se puede preservar la memoria de una persona que fue víctima.



“Contar esta historia y mostrar estas imágenes ayudan a que en el futuro no se repita esta historia de odio. Esa es la invitación que hacemos: vemos fotografías de violencia en el mundo y no nos afecta, pero ¿si esto que ves en la foto fuera importante para ti?”, plantea Crippa.


“El fotógrafo de Auschwitz” se publicó hace 10 años en Italia. Ahora con la llegada de su traducción al español, realizada por Clara Ferri, el autor dice sentir curiosidad por saber cómo será recibida esta historia en México, un país que estuvo lejos del horror del Holocausto:


“Es una historia europea, entonces queremos saber si la gente sentirá curiosidad por esta historia, aunque también estamos convencidos de que se trata de una historia que es universal porque desafortunadamente la violencia está en cualquier lado”.


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