Comienza así una guerra entre dos poderosas familias que ejercen su autoridad y su riqueza hasta las últimas consecuencias. Para una niña de cinco años es difícil comprender que su vida se vea sacudida por una tolvanera de amores y odios, venganza y protección, verdades imperiosas y, sin embargo, opuestas: odiar a quien más ama, confiar en quien le ha mentido.
En esta nueva existencia, ella tratará de entender que hay amores que no tienen remedio, que hay vidas que no son normales, que hay odios que no tienen válvula de escape, y que la única verdad absoluta es que el amor incondicional está lleno de condiciones. «Siempre me pregunté qué contaría la historia de Ana Karenina de haber sido escrita por una mujer. Nadie nos vio partir es narrada por Tamara Trottner de tal manera que ofrece una posible respuesta. Una profunda novela familiar, mexicana y universal al mismo tiempo.
Es muy cierto que nunca podremos conocer la verdad absoluta porque existe el sesgo de nuestra visión de la vida. Entonces ¿qué visión de la vida viene de una niña de 5–6 años? Esto es lo que nos cuenta Tamara Trottner en su novela: Nadie nos vio partir.
Nuestro primer vínculo social viene de la familia. En las personas que confiamos ciegamente desde nuestro nacimiento son nuestros padres. De ellos aprendemos no solo nuestras primeras palabras, sino a amar; a convivir en una sociedad.
¿Qué pasa, entonces, cuando es tu padre el que hace el mal disfrazado de bien?
¿Qué pasa cuando eso que recuerdas como un viaje maravilloso fue un episodio de dolor para tu familia?
Esto es lo que nos narra Tamara Trottner en su libro. Y llamemos a las cosas por su nombre: el tema central de este libro es la violencia vicaria.
Y la misma autora nos cuenta: no es que su padre fuera un hombre “malo” sino que una bola de nieve que fue creciendo con el paso de los años desembocó en ese viaje que ella no lograba comprender.
Su padre (Leo) y su madre(Valeria), de ascendencia judía — y, sí, como lo pensaste, ambas familias con mucho poder y dinero — se casan. No por amor, eso lo tenía claro Valeria desde el principio. Pero, tal vez, una puede aprender a amar a alguien, ¿cierto?
Leo, un soñador obligado a aterrizar y tomar los negocios familiares, también obligado a sentar cabeza y a empezar su propia familia; encuentra en Valeria la persona ideal para materializar el siguiente paso en su plan de vida (¿?).
Desgraciadamente — o afortunadamente — Valeria encuentra a esa persona que le muestra que el amor romántico, el amor, ese como el de las películas puede existir… y lo encuentra en su concuño (concuño = el esposo de su cuñada. O sea, el esposo de la hermana de Leo, su esposo).
¿Qué se hace? ¿Se renuncia a la felicidad? ¿Se lucha por el amor? ¿Qué se hace cuando provienes de una familia judía ortodoxa?
Claro que Leo se da cuenta de esta situación. Y claro que Leo no quiere separarse de sus hijos, no quiere ser la comidilla de la sociedad.
¿Que sucede entonces? Empieza a planear, con todo el apoyo y toda la rabia de su padre (Samuel), la manera de “salvar” a sus hijos y a su familia y a su prestigio de una situación terrible.
¿Cuándo sucede? Después del cumpleaños número cinco de Tamara. Sí, ella recuerda su pastel de mariposa, los colores, su vestido, su muñeca que adoraba. Sí, ella recuerda cuando su padre se los lleva de fin de semana a Valle de Bravo. No, estas vacaciones con su papá no duraron solo un fin de semana. Fueron poco más de dos años. Poco más de dos años de andar alrededor del mundo, de preguntar por mamá y escuchar de la voz de su padre que su mamá ya no quería saber de ellos. De andar en colegios en París; en Sudáfrica huyendo en una cajuela; de llegar a Israel y romper una promesa.
Creo que el temor más grande de una madre es que te quiten a tus hijos. Y, mientras leía el libro, también juzgaba un poco a la mamá — y un mucho al papá — . Y creo, como también lo narra la autora, que esta historia no es para decidir quién es el malo del cuento. Es una historia real; no hay buenos ni malos. Hay personas. Y los seres humanos cometemos (muchos) errores.

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